martes, 1 de diciembre de 2009

AUSENCIAS


Estoy seco, lo intento y lo intento, pero no consigo conectar con mis ideas. Con esas ideas, esos pensamientos íntimos que a veces se desbordan ellos solos sin necesidad del más mínimo esfuerzo. Es como darle la vuelta a una jarra, y al momento el agua que contenía se derrama.

Ahora, sin embargo, por muchas vueltas que de, no sale nada, el pozo está seco, y ni estrujándolo, ni exprimiéndolo sale una mísera gota de agua. Esa agua que ya necesito para vivir porque me había acostumbrado a ella, y la echo de menos.

Se exactamente lo que sucede, el trabajo y las preocupaciones se han amontonado de pronto y la ansiedad ha hecho su aparición, provocando un bajón de la atención y la concentración, o lo que es lo mismo, mi mente se encuentra en otro sitio.

Pero también se que volveré a beber de esa agua, no se cuando, pero estoy seguro de que el pozo volverá a llenarse y se derramará.

martes, 17 de noviembre de 2009

EDUCAR EN BAJA RESISTENCIA A LA FRUSTRACIÓN


Frustración, una palabra que como muchas otras no tiene hoy en día muy buen cartel: Ansiedad, Dolor, Preocupación, Miedo, etc...
Sin embargo todas ellas son, han sido y serán, en su justa medida, parte de un arsenal de sofisticados mecanismos de defensa que automáticamente se ponen en marcha espoleados por un estímulo, una sensación, una situación o un pensamiento y mantenidos por una huella neuronal sistemáticamente reforzada por una respuesta eficaz en la mayor parte de las ocasiones.
La ansiedad nos prepara para la acción, el dolor nos avisa sobre un posible problema físico o enfermedad, la preocupación nos insta a prepararnos mejor ante una situación problemática, por ejemplo, los exámenes y el miedo, nos hace ser más cautos, sobre todo en la niñez.
El problema con estas palabras, como decía, viene cuando estas respuestas del organismo son excesivas, se dan muy a menudo, o aparecen cuando no hay estímulo provocador.
En estos casos suele suceder que el nivel de respuesta se altera y estos mecanismos pierden su funcionalidad.
Cuando estas respuestas del organismo, son interpretadas como negativas y se convierten en objeto de continua y sistemática evitación, generalmente baja nuestra resistencia a ellas y la más mínima ansiedad nos molesta, cualquier preocupación es vivida con alarma, el mínimo dolor nos desespera y nos angustia tremendamente el miedo. Esto hace que el nivel de exposición a ellas baje considerablemente debido al aumento de la puesta en marcha de la conducta de evitación provocando que en las siguientes e inevitables ocasiones en que no se pueda evitar, el sufrimiento sea mayor e incluso vivenciado como insoportable, terminando por hacernos más vulnerables y convirtiendo un mecanismo de defensa en un enemigo traidor.
Hoy en día, creo que equivocadamente, los padres educamos casi exclusivamente con el objetivo de evitar el sufrimiento, las preocupaciones, el dolor o el miedo a nuestros hijos, y claro está y no es la primera vez que lo digo, con ello estamos logrando extender la cultura del mínimo esfuerzo, de la protección excesiva, del “esto quiero, aquí y ahora” del “valgo según tengo o poseo”, del “sino tengo lo que quiero no merece la pena vivir”, en definitiva creo que los estamos educando más vulnerables, en general.
Por ello una palabra como FRUSTRACION, que es consecuencia de que algo no nos ha salido bien o algo no hemos conseguido o de que debemos de aplazar por un tiempo un premio un regalo o algo que deseamos, y que debería de motivarnos a volver a intentarlo, a perfeccionar una actuación, a aprender de los errores, etc. Se ha convertido en una situación anómala hoy en día, casi en una nueva patología que se deja ver en la niñez y si no se corrige continúa hasta la edad adulta produciendo conflictos personales y sociales.
Todos hemos sido testigos en numerosas ocasiones de la explosiva respuesta de frustración tanto en niños como en adultos: desesperación, sensación de desdicha, de injusticia, de no poder soportarlo, acompañado de una fuerte reacción agresiva o rabieta hacia personas o cosas y una potente y automática activación del sistema nervioso autónomo.
Hay una creencia muy extendida en las últimas generaciones de padres “todo lo que yo no he disfrutado, lo tiene que disfrutar mi hijo”, o “lo que yo he sufrido no permitiré que lo sufra mi hijo”, y dado que, las creencias, orientan y condicionan nuestra conducta, y esas mismas creencias, en la mayor parte de las ocasiones, están detrás de esa forma de educar proteccionista que a la larga provoca en nuestros hijos una baja resistencia a la frustración, que paradójicamente les hará sufrir mas de la cuenta, haciéndoles más vulnerables.

viernes, 30 de octubre de 2009

LA COMODIDAD DE LA MONOTONÍA


En general, el ser humano la mayor parte de las veces tiende a buscar, o está orientado, hacía lo seguro, lo que ya conoce o ha experimentado. Se siente más cómodo y seguro repitiendo ciertas acciones de la misma forma una y otra vez.

Esto nos conduce a la monotonía y a ciertos automatismos. Vamos todos los días al trabajo como robot, sin prácticamente habernos despertado, sin ser conscientes de por donde pasamos.
Un día tras otro las mismas casas, los mismos comercios, personas, la misma avenida, las mismas calles.

Intentamos evitar el estrés que la novedad nos produce, sentirnos más seguros y no arriesgar, optando por la continuidad. Nos dejamos llevar por lo fácil, la opción que por experiencia sabemos que no nos dará problemas. En definitiva, apostamos por la comodidad y el conformismo de lo ya conocido.

Y este continuismo se llega a apoderar de nuestra vida conforme se va generalizando y extendiéndose poco a poco a prácticamente todas las facetas de nuestra existencia.

Es fácil acomodarse a una vida monótona que no nos plantea retos ni problemas, evitando así la ansiedad y el estrés. Pero cuidado, porque al cabo de un tiempo y sin caer en la cuenta, esta práctica se habrá extendido a nuestro trabajo, ocio, familia y otros ámbitos de nuestra vida.

Esto nos conduce a relacionarnos siempre con las mismas personas en el trabajo, desayunar con los de siempre, aunque ya no nos apetezca, seguir la misma rutina un día y otro en las tareas del trabajo y tener siempre la mesa del despacho, el aula, o el puesto de trabajo, sea cual sea, ordenado de la misma forma.

De igual modo nuestro ocio se convierte en algo vacío y programado. Vamos siempre al mismo lugar a tomar café, tenemos un lugar fijo para almorzar y otro para ver el fútbol. Buscamos muy a menudo la misma compañía y elegimos siempre los mismos actos públicos, sintiendo cierto recelo o temor de ir por primera vez al teatro, concierto de rock, o a una charla- coloquio. Hay que ver lo que cuesta esa primera vez.

En cuanto al apartado familiar, tendemos también a repetirnos, nos sentamos a ver la tele en el mismo sitio y con la misma perspectiva, al igual que para comer y cenar solemos sentarnos en el mismo lugar. Incluso el papá y la mamá en la cama también tienen su sitio fijo, uno a la derecha y el otro a la izquierda. La distribución de la casa y de los muebles tampoco suele variar, y así podría continuar enumerando otras situaciones o acciones durante páginas y páginas, pero prefiero invitaros a que continuéis vosotros mismos.

Y sin embargo esa no es que sea la mejor gimnasia para nuestro cerebro, sino todo lo contrario, más bien sería la antiestimulación de éste.

En la actualidad se sabe con certeza que una de las maneras de mantener nuestro cerebro en forma es precisamente haciendo lo contrario, ósea, evitando la monotonía o conductas repetitivas.

El cerebro humano tiene una plasticidad enorme y una capacidad de conexiones neuronales o posibilidades de acción casi infinitas. Cada nueva experiencia, cada nueva situación, acción o emoción, aunque no sea totalmente novedosa, sino que varié en algo, posibilita nuevas conexiones neuronales, nuevos caminos abiertos, nuevas posibilidades u opciones de respuesta para el futuro, nuevos recursos.

Claro está, son conexiones que si no se repiten se perderán de nuevo. Al igual que se han ido perdiendo a lo largo de la vida aquellas que hemos ido dejando de lado y no utilizando a causa de la monotonía. Monotonía al usar siempre el mismo camino o lo que es lo mismo hacer siempre las mismas cosas. Es esa tendencia que hace que andemos más cómodos por la senda más usada o pisada ( conexiones neuronales más utilizadas ), pero al mismo tiempo hace que nuestro cerebro se acomode y no rinda como debiera al no poner en práctica los recursos que posee o de que es capaz.

No es cierto, como hasta hace poco se pensaba, el que las neuronas no se regeneren, que sí lo hacen. Pero además no es tan importante el número de neuronas, que siempre serán suficientes, sino más bien el número de conexiones que se establezcan entre ellas. Y ello depende directamente de nosotros mismos, de que seamos capaces con nuestro estilo de vida en el trabajo, en nuestro tiempo de ocio, en las vacaciones, en la intimidad familiar, en las relaciones sociales que establecemos, de romper con la monotonía y buscar situaciones diferentes, cambiar la forma de abordarlas y variar nuestro comportamiento.

Es tan sencillo como, hacer ciertas cosas, que no solemos hacer normalmente, con la mano izquierda, utilizar el olfato y el tacto más de lo que lo solemos hacer, cambiar la distribución de nuestra mesa de despacho o cambiar de calle para ir al trabajo.

A todos nos causan ansiedad e incomodidad las situaciones nuevas, pero pensemos que precisamente dejan de ser nuevas cuando las repetimos una y otra vez. La ansiedad que estas situaciones nos causan al principio es totalmente normal y con toda seguridad soportable si nos lo proponemos. Que no sea esta ansiedad el obstáculo hacía la búsqueda de situaciones y conductas nuevas con que romper con esa monotonía.

miércoles, 21 de octubre de 2009

A VUELTAS CON EL TIEMPO


Pensaréis que estoy obsesionado con el tiempo y llevaréis algo de razón. No sé si es obsesión. No, no creo que sea obsesión, pero si es cierto que últimamente me preocupa bastante. Es una preocupación que aún no ha llegado a ser obsesión, porque obsesión es prácticamente no poder dejar de pensar en algo, y claramente eso no es lo que me pasa a mí. Simplemente es algo en lo que pienso a menudo y la mayoría de las veces que lo hago, hay algo que despierta mi interés, hay un estímulo que provoca el que piense en ello. Por ejemplo, mis hijos, es uno de esos estímulos que me hacen pensar en el tiempo a menudo. Yo percibo en ellos que quieren que el tiempo pase rápido, cuanto antes ser mayores de edad, o cuanto antes pase la semana, antes llegará el fin de semana. Es como si no valoraran el tiempo, como si éste no tuviera el mínimo valor, y en realidad es así, no lo valoran, pasan corriendo por la vida, por esa etapa de su vida, seguramente como hemos hecho todos. Lo que si es seguro es que no lo valoran de igual manera que yo. Esa es la cuestión, son dos formas distintas de percibir el tiempo. El paso del tiempo para unos es ilusión, precipitación y urgencia y para otros es ya presión, coacción, ansiedad y espera. Es una realidad que te empuja hacía un final que no quieres que llegue, que desearías demorar en el tiempo para siempre, es la utopía de la inmortalidad.
Para unos, simplemente, no es algo que les preocupe y para otros, en este caso yo, pues ya me va preocupando, porque me lleva a pensar en la vejez, en el deterioro que esta produce en la salud, en la calidad de vida, en tiempos pasados, en la soledad cuando ellos se vayan de casa y en las ausencias de seres queridos que sin duda se irán produciendo, en fin, pienso en muchas cosas que antes no pensaba, ni me importaban, pero que ahora me inquietan y hacen que le de más vueltas a la cabeza de las que debiera y todo ello con el malestar emocional que ello conlleva.
Pero claro, esto es inevitable, y como antes decía, ellos, mis hijos, son los que más me recuerdan ese paso del tiempo, pues conforme ellos van creciendo y cumpliendo años más consciente se hace esta situación para mi.
Supongo que será una de esas crisis que se dan a ciertas edades y que te hacen ser más consciente y temeroso del paso del tiempo.
Como decía, a mis hijos les interesa el crecer rápido, ser adultos cuanto antes, que pase cuanto antes la semana para disfrutar del fin de semana, y a mi todo lo contrario, deseo que los días sean largos, los momentos eternos, en definitiva, que el tiempo pase lentamente, lo más lentamente posible.
Paradójicamente estos deseos e intereses encontrados parece que producen o propician percepciones opuestas, o sea, a mis hijos les parece que el tiempo no pasa y las semanas son eternas, mientras que a mi me da la impresión de que el tiempo vuela y los años se suceden a velocidad vertiginosa.
Y no creo que este nuevo estado de consciencia y de vigilancia sobre el paso del tiempo que últimamente me invade tenga a la fuerza que ser algo negativo, si es cierto que es molesto, pero a la vez te hace valorar la vida y sus pequeños momentos mucho más, saboreas y disfrutas bastante más esos momentos que antes pasaban y ni siquiera eras consciente de ellos, en definitiva, paladeas más a fondo la vida como si se tratara de los últimos sorbos de una buena botella de vino y a la vez disfrutas más de los buenos ratos con los familiares y amigos.

miércoles, 14 de octubre de 2009

AMIGOS


Amigos pasados, amigos de siempre, palabras mayores que salen del alma. Palabras sinceras que siempre te dicen algo, pues ya estamos artos de palabras huecas que no expresan nada.

Ahora busco verdades, verdades verdaderas que siempre salen de los mismos labios, los labios del corazón. Porque el corazón tiene labios cuando habla directo, claro y con amor, cuando no se esconde para hablar porque tampoco hay miedo a lo dicho, y no se hace por capricho, si no por pura voluntad.

Viejos amigos, amigos cansados, porque la amistad a veces cansa cuando es verdadera, si le pones pasión y la trabajas día a día que es como se debe entender una amistad duradera.

Quien tiene una amistad sabe que en su poder tiene el mayor tesoro del mundo y como tal hay que guardar, administrar y mantener, y lo que no debemos nunca suponer, es que es un tesoro del que podemos gastar sin hacer nada jamás por reponer.

Si la amistad se quiebra, si perdemos amigos, algo se rompe en el alma, algo que puede ser tan fino como un hilo, pero que en el fondo forma parte, mantiene y teje una red social que marca nuestro destino.

No hay mayor error en nuestra vida que ir perdiendo amigos por el camino, ir chorreando sangre sin darnos cuenta, hasta perder la vida en una cuneta. Y aislado y solo en esa cuneta, desangrado de amigos y de ilusiones, volver la vista a aquellas ocasiones en que tu corazón latía al unísono con otros corazones.

Amigo de sol, amigo de lluvia, amigo de nieve, pues ninguna de estas circunstancias confunde una amistad verdadera, una amistad eterna e indestructible, no una amistad efímera y fugaz, no enferma y quebradiza, pues la amistad amiga es aquella que perdura, que sobrevive porque lucha por sobrevivir, que vive para esa lucha por mantener unos corazones unidos, atados y ligados en lo más profundo del corazón por sus propias arterias, por sus propias venas.

martes, 6 de octubre de 2009

UN CEREBRO EGOISTA


Si otras veces he resaltado la alta sofisticación, precisión, agilidad y capacidad de respuesta de que es capaz nuestro músculo más flexible, maleable y adaptable, como es el cerebro, el cual se pone como principal ejemplo de muestra de nuestra diferencia entre el ser humano y el animal. También es cierto que por otro lado, a su vez, es el que más nos acerca a ellos.
Y ello es debido, según mi opinión, a que ese cerebro tan sofisticado tiene un gran defecto, su egoísmo; un tremendo reflejo de supervivencia, de carácter automático que a veces es tremendamente ingrato y cruel, pero que ineludiblemente se pone en marcha ante ciertas situaciones que entrañan o pueden entrañar un peligro para la especie o para la integridad física o psíquica de la persona. Es como un programa informático totalmente desarraigado y alejado de la más mínima actitud solidaria y de piedad.
Este potente reflejo de supervivencia ya sabemos que está muy extendido entre los animales, que por no tener como herramienta de defensa el intelecto, su defensa se basa sobre todo en dicho instinto de supervivencia, aparte de otras capacidades como la fuerza, ferocidad, agilidad, etc. Lo que si es más extraño, a pesar de su capacidad intelectual, recurso del que no disponen los animales , es el encontrar este tipo de instinto o reflejo de forma manifiesta en el ser humano y siempre como recurso psicológico.
Ejemplo de ello es la capacidad ya numerosas veces demostrada de la mente para olvidar hechos que son inaceptables o dañinos para nuestro propio equilibrio emocional. Recuerdos dolorosos que han sido borrados de la memoria, y rellenados más tarde poco a poco con otros totalmente falsos pero aceptables para cubrir esa secuencia incompleta.
O, que pensar de la capacidad mental que posee el ser humano y aquí me permito poner “humano” entre comillas, para adaptarse y tragarse sin la más mínima indigestión escenas de sufrimiento, crueldad, humillación y agresividad, en televisión ó en vivo y en directo tal como hoy en día es casi normal y cotidiano encontrarse en la calle, sin la más pequeña excitación o alteración del pulso. Nuestro cerebro sofisticado no permite que suframos y pone en marcha su poder de adaptación, se insensibiliza ante esos estímulos por pura saturación.
Y no hablemos del Medio Ambiente, de nuestro planeta, del que mucho se cacarea, muchas leyes se sacan para defenderlo y muchos colectivos lo abanderan, pero la verdad es que no dejamos de agredirlo. Parece que no somos capaces de crear leyes con sentido de la distancia, del tiempo. Hay un instinto que no nos deja ver más allá de dos ó como mucho tres generaciones. Es como si todo lo que tuviera que ver con ese periodo que se extiende desde nuestros nietos hacía adelante, ese futuro distante no nos preocupara para nada, y aunque se habla mucho de ello, en el fondo no cuenta para los hechos, sólo para frases que impacten, que enamoren al público, brindis al sol.
Y por ultimo lo más sangrante, sorprendente e hipócrita a la vez que cruel. Tanto que no sé que recóndito y negro escondrijo de nuestra alma humana vomitará ese ingrato mecanismo de defensa a nivel psicológico que nos hace permanecer impasibles durante años y años, viviendo en la más vergonzosa opulencia sin ser capaces de acabar con la lacra del hambre en el mundo.
Y sin embargo no nos retorcemos cada día de horror, dolor y sentimiento. Según la FAO, todos hemos podido oír la noticia de que hay aproximadamente 1000 millones de de personas que pasan hambre en el mundo. Y lo que es más penoso todavía, que cinco millones de niños mueren de hambre anualmente por causa de la desnutrición y esto en una época azotada por el terrible problema de la obesidad infantil, tiene gracia.

lunes, 28 de septiembre de 2009

RELOJES



“Reloj interno, reflejo de otra realidad, reloj maduro, que con miedo miras hacia atrás, hacia atrás para alargar el camino, camino que ya no puedes transitar”

¿Hay un instrumento, utensilio o cosa más desagradable, agobiante y estresante que el reloj? Y sin embargo lo llevamos colgado del brazo como si fuera una extensión más de nuestro cuerpo. Extensión que a veces nos gustaría hacer desaparecer, que odiamos, sin atrevernos a ser muy explícitos, que dejamos caer al cajón en un arranque de rabia, sin atrevernos a cerrar del todo el cajón, que nos quitamos todas las noches prometiendo no volver a ponérnoslo, para cogerlo de nuevo y asirlo a nuestra muñeca nada más poner los pies en el suelo a la mañana siguiente.
El reloj, que todos maldecimos pero que a la vez no podemos pasar sin el, que miramos mecánicamente una y otra vez y controla cada uno de nuestros momentos del día.
Decimos que estamos deseando perderlo de vista, pero como si de un ritual se tratara colocamos relojes en sitios estratégicos de nuestra casa. Que si un reloj de pared, que si un reloj de arena de adorno, que si un reloj despertador, un reloj de cocina, la radio reloj, cantidad de figuras decorativas con su reloj incorporado. Como si fuera una terrible pesadilla, los relojes pueblan nuestra vida y están por todas partes recordándonos el paso del tiempo, el inexorable paso del tiempo. Y en realidad, lo desagradable en sí, no es el reloj, el reloj es el reflejo material de lo verdaderamente desagradable para la raza humana que es el tiempo, la consciencia del paso del tiempo, el ser conscientes de que esa aguja del reloj, podemos detenerla parándolo, quitándole la pila o rompiéndolo; también podemos ocultar, guardar o esconder todos los relojes, si es que esto fuera posible, negando así esa realidad, pero lo que no somos capaces de detener es el infalible e irremediable paso del tiempo, que sí, es cierto, es subjetivo y a veces parece que se puede estirar, pero, momento que pasa, momento que no vuelve y un día más sabemos que es un día menos.
Y eso es lo que verdaderamente nos repele y odiamos en realidad, esa insultante inexorabilidad, esa certeza del paso del tiempo.
Y a eso mismo es a lo que nos revelamos, estamos acostumbrados a dar unos pasos hacia adelante y si nos apetece otros hacia atrás, pero aquí, en este aspecto, cuando se trata del paso del tiempo no hay pasos hacia atrás, lo intentamos pero vemos que es imposible, el tiempo pasa y ya no vuelve.
Por eso odiamos a los relojes, por mucho que su diseño sea original, sea de oro o brillantes, no nos gustan porque son un reflejo del tiempo y continuamente nos recuerdan nuestra condición de seres caducos.
Aunque en realidad, al que se deberíamos odiar y maldecir es al tiempo, pero este es un concepto abstracto al cual no podemos insultar ni vapulear, y parece como si esto no nos llenara del todo. Necesitamos algo más tangible que podamos ver, tocar y aplastar en el suelo de un pisotón, y este, aunque se trate de un chivo expiatorio, es el reloj.

martes, 22 de septiembre de 2009


Texto entre comillas sacado de un texto mayor que habla de una escuela de padres que nunca demuestran sus afectos, a diferencia de las madres.

“Es algo tan sencillo como el amor y la lealtad absoluta de una madre, su total entrega y defensa continua, su forma sencilla y llana de demostrarlo. Sin embargo, por tenerlo tan cerca, lo vemos como algo normal, solo lo echamos de menos cuando notamos su falta”






DESPUES DE …..


Después de un largo caminar,
Mi madre ya llegó a su lugar,
Que duro ha sido el camino,
Que te ha dibujado al final el destino.
Todos lo hemos pasado mal,
Pero sin duda, tu, la que más,
Al final has descansado,
Aunque yo aún no lo he aceptado.
Espero no olvidar nunca tus mimos y tus caricias.
Espero que me acompañe siempre tu dulce fragancia.
Porque de ahora en adelante,
Ese será mi recuerdo más preciado,
El que me ayudará a tirar hacía adelante,
en los momentos desgraciados.

martes, 15 de septiembre de 2009

EL ESTRÉS DE LA GALLINA


Últimamente parece que todo el mundo anda estresado. Continuamente se hace referencia al estrés para todo y en todas las parcelas de la vida, estrés laboral, estrés en el profesorado y también en los alumnos. Que si estrés en los padres, que si estrés también en los hijos. Al parecer todo el mundo se encuentra estresado, hasta las gallinas. Y no es para tanto, creo que se está haciendo un uso excesivo del término y que se están exagerando sus implicaciones. Para que me entiendan, es más o menos lo que sucedió hace algunos años con el termino hiperquinético o lo que es lo mismo hiperactivo, que parecía que todo niño que se movía un par de días seguidos en exceso, aunque tuviese lombrices, ya era tildado de hiperactivo.

Yo, aunque pueda parecer lo contrario, respeto profundamente y respaldo la necesidad de combatir ese mal, o mejor dicho, ese grano en el culo que es el estrés. Y digo grano, porque es un enredo, es tremendamente molesto, agobiante, sofocador, no se como explicarlo, parece como si tuviera una bolsa en la cabeza y no pudiera quitármela con las manos, y, para colmo, te estuvieran mirando, o por lo menos eso creo yo o así lo veo. También, lo mismo que un grano donde antes he comentado, no te deja parar un momento en la silla.
Y, esa sensación de estar siendo evaluado va y vuelve en la cabeza, haciendo que estalles en una explosión brutal de adrenalina.

¿Que qué es la adrenalina? Pues es la hostia, parece ser que en alguna ocasión se ha dado el caso de personas que, como si fueran hormigas, han levantado una burrada de peso y todo bajo el influjo de una descarga de adrenalina. Y me pregunto, ¿si ésta es capaz de eso, de que será capaz su prima, la noradrenalina? ¿Que será capaz de levantar una persona inundada de noradrenalina?, ¿y de las dos a la vez?
Volviendo al estrés.
Yo de siempre he visto a las gallinas como muy estresadas, muy nerviosas, con movimientos rápidos y mecánicos. Vamos que me recuerdan a un novio esperando a que llegue la novia en la puerta de la Iglesia. Es una imagen que te transmite tensión, preocupación, desasosiego. Deben de terminar el día muertas de cansancio y llenas de contracturas musculares y de tic.
Y me pregunto de nuevo, ¿que le preocupará a una gallina? ¿Serán conscientes de su vida, o sea, de la monotonía de su vida?, ¿Porqué gritan tanto y de que se quejan?, su trabajo tampoco es tan estresante, sólo tienen que poner un huevo al día. Eso si, como no lo pongan, mal porvenir les espera. Pero no creo que ellas lo sepan, me refiero a que si no ponen un huevo al día le cortarán el cuello. En ese caso, eso si que les presionaría y les causaría estrés.
Entonces, ¿ que las atormenta, hasta el punto de ir de acá para allá como si estuvieran poseídas, gritando y huyendo despavoridas al más mínimo ruido o movimiento?.
Si alguna vez habéis entrado a una granja de gallinas, de esas ponedoras, llama la atención el incesante murmullo o griterío que hay, pero eso no es nada con el infierno que se desata cuando se percatan de tu presencia. Y parece que se van avisando unas a otras. En segundos, no hay quien aguante allí adentro y ello hace que te sientas totalmente culpable de todo ese agobio y aparente sufrimiento. ¿Pero de que se quejan y que coño he hecho yo?
Para colmo de los colmos resulta que el granjero te comenta, todo serio, que hay que salir cuanto antes de allí porque se pueden estresar, y si se llegan a estresar, se pueden tirar una buena temporada sin poner huevos.
Pues aunque no os lo creáis, reconozco que es difícil de creer, es cierto que se estresan. Lo mismo que es cierto que existen medicamentos antiestrés para gallinas. Lo que no he oído es que haya también antidepresivos, pero no me extrañaría.
Y yo me vuelvo a preguntar, ¿pero de que se estresan?
Será por esa sensación de estar siendo evaluadas, sentirse observadas, cuando alguien entra.
Eso, entonces indicaría que sufren ansiedad de evaluación. Les agobia que las miren mientras trabajan, mientras comen o beben agua, mientras hacen sus necesidades, bueno admitamos que esto último es más normal. Por lo demás, yo sé que eso les pasa a algunas personas, pero a una gallina nunca lo había pensado. Será que son tímidas; pero como no van a serlo si no se relacionan con nadie, no te pasan la cola por las piernas, como el gato. Tampoco se te suben encima o te lamen como el perro, ni te cantan como el colorín o el canario. Sólo gritan, duermen y ponen huevos. O son muy tímidas o muy antipáticas.
No se, yo más bien creo que su estrés y su mal humor es debido a la situación de hacinamiento en que tienen que desempeñar su trabajo, esta, no reúne las condiciones ambientales ni medidas adecuadas, y además el trabajo es muy monótono. Hoy ya se sabe que el hecho de tener varios empleos, o sea, pluriempleo, no tiene porqué producir estrés. Sin embargo, el trabajo monótono si se ha demostrado que produce bastante estrés. Y no me negarán que es difícil la vida teniendo que vivir, trabajar y dormir tres gallinas en un habitáculo de esas dimensiones. Caben las tres gallinas justas, pues bien, me parece haber oído que si en la jaula hay dos en vez de tres, también se estresan. Creo que esto ya es pasarse de sensibilidad.

lunes, 7 de septiembre de 2009

MOMENTOS


Como manifiesta en sus pensamientos Lisbeth Salander: “Repentinamente comprendí que el amor era ese momento en el que el corazón quiere salirse del pecho”Del libro de Stieg Larsson,- Los hombres que no amaban a las mujeres -


La vida tiene momentos, es más, la vida se compone de momentos. Pero, ¿cuanto dura un momento?

Por definición, un momento es un espacio de tiempo corto, que se define por su contenido que puede ser bueno ó malo, un buen momento ó un mal momento, o simplemente un momento.

Hay momentos pasados, presentes y momentos futuros, pero creo que los verdaderamente importantes son los momentos presentes, esos son los momentos que pienso hay que disfrutar y recrearse en ellos. Debemos intentar disfrutar el momento, intentar exprimirlo al máximo, sacarle el máximo rendimiento e intentar conseguir que ese momento te haga feliz, y lo más importante, que haga feliz a todos aquellos que se encuentran a tu lado.

Creo que cuando hablamos de momentos, hablamos de los momentos presentes, porque son ellos los que verdaderamente merecen la pena y son ellos los que nos dan la oportunidad de cambiar los momentos pasados y determinar de alguna manera los momentos futuros.

Los momentos simplemente pasados, ya no importan, lo hecho, hecho está, y no podemos vivir del pasado. Los momentos pasados, fueron momentos presentes, y en ese momento fueron determinantes, los momentos futuros, no serán nada hasta que se conviertan en presente.

No es una buena práctica vivir de los momentos pasados, pues ello nos podría dificultar vivir el presente plenamente. Y tampoco sería una buena práctica el vivir de los momentos futuros, nos conduciría a vivir sólo de sueños, que es lo que son los momentos futuros, momentos que nos gustaría que llegaran, pero que no son más que eso, ilusiones y deseos que sólo tienen posibilidad de hacerse realidad en los momentos presentes.

Sin embargo, el momento presente está pleno de realidad y de vida. Cuantas experiencias se incluyen en un momento presente, tantas como sentidos tenemos y cada una de ellas multiplicadas por diez ó por cien, incluso. Cuantas cosas podemos oler, tocar, ver, gustar y oír, en un momento, y todas ellas con un carácter totalmente real, todas ellas dispuestas para ser disfrutadas y no sólo por nosotros, en particular, sino por nosotros y los que se encuentren con nosotros, pues eso es lo bueno de estos momentos presentes, que son momentos compartidos, son momentos en los que participan personas queridas de nuestro alrededor, personas que comparten con nosotros ese momento que ya no volverá jamás, que quedará en el pasado, será un momento pasado que sólo vivirá en el recuerdo añorando su realidad, añorando la esencia de la vida que sin duda está en disfrutar y exprimir a tope el presente.

lunes, 27 de julio de 2009

ME VOY DE VACACIONES


Me voy de vacaciones, y no se si aguantaré el mono blogero, pues la verdad es que se ha convertido en parte de mi rutina diaria y en una necesidad psicológica que me proporciona bienestar y cierto equilibrio, tengo que reconocerlo.
Cuando vuelva, más o menos, hará un año que empecé con esta experiencia y desde entonces ha ocurrido algo trascendental para mí, y es que casi sin quererlo he llegado a contactar y a afianzar una serie de relaciones y amistades, en las que tengo que admitir que hace un año no creía.
Esas amistades no son muchas, pero creo que son buenas y fieles, como debe ser la amistad. Y también comprometidas, porque día a día, se demuestra ese compromiso en la preocupación que estas relaciones te pueden proponer, cuando alguien muestra una inquietud o problema. Entonces verdaderamente te sientes arropado y por muy lejos que nos encontremos nos sentimos cercanos.
Ahora, por descontado, creo firmemente en esta relación virtual, no hace falta una cara, sólo hacen falta sentimientos y estos por suerte se expresan y viajan lejos por medio de la escritura, por medio de nuestros blogs.
Muchas gracias a todos por vuestra amistad, y hasta septiembre.

martes, 14 de julio de 2009

TRAZOS


Largos trazos de mi mente, en el cielo están presentes,
cuando cansado y preocupado,
miro a lo alto y dejo volar mi subconsciente.
Largos trazos son de mi pensamiento el equivalente,
cuando sin querer se adentran en el fondo de mi mente,
aún a riesgo de perderse en lo más profundo de ella,
hace falta gustar del riesgo, hace falta ser valiente.
Largos trazos emergen de mi corazón, que se cortan de repente,
cuando en tus grandes ojos veo el amor que por mi sientes.
Largos trazos recorro alegremente, por tu espalda con mis dedos,
que hacen que tu cuerpo experimente, una cascada de corriente.
Largos trazos dibujo, con mis labios en tu boca impaciente,
que recorrerán su camino, una y otra vez pendientes,
de senderos que conduzcan tu lengua a mis labios ardientes.

martes, 30 de junio de 2009

MIS RECUERDOS


Recuerdo recordado, recuerdos del pasado
no sé si es bueno o es malo, no sé si me interesa
solo sé que de vez en cuando me siento emocionado
entonces me elevo al cielo y vuelvo la vista ociosa.

A veces me pregunto sobre los recuerdos. Valiosos recuerdos que a veces no recuerdo.
¿A dónde van a parar los recuerdos una vez recordados, una vez transitados, una vez desgastados?
¿De qué sirve un recuerdo, si no para ser recordado? ¿Qué valor puede tener un recuerdo que se guarde o archive en un desván de nuestro cerebro para ya nunca más salir de allí?
¿Es posible archivar para siempre un recuerdo hasta convertirlo en material inservible, hasta relegarlo a simple casquijo, desechos de recuerdo?
¿Cuántos recuerdos habrán guardados en la memoria, recuerdos de antaño que ahora no recuerdo?
¿Cuántos recuerdos se habrán perdido en ese inmenso almacén que es la memoria y cuanto daría por hacer un largo repaso de todos esos recuerdos que una vez fueron y ya no son?
Me imagino riendo, emocionándome, sorprendiéndome, llorando, asustándome y hasta avergonzándome ante el recuerdo de esos trozos de vida que ayer fueron realidad y hoy sólo son recuerdos olvidados, recuerdos entrañables nadando sin rumbo ni objetivo en ese gigantesco mar del olvido, donde sobran las palabras, las ideas, los hechos y hasta los recuerdos. Mar de olvido, profundo y solitario olvido, que cuanto más buceas en él menos recuerdos tienes y más se oscurece tu vida.
Pienso que no podría soportar la frustración de no poder recordar un recuerdo, sentir que una parte de mi vida a muerto en el mar del olvido, que no hay forma de recuperar mi yo y que éste ha quedado incompleto como un puzzle finalizado pero al que por el camino se le han perdido piezas. Y sin embargo esa es la pura y frustrante realidad, la memoria, capacidad que tantas veces hemos sobrevalorado como poseedora y depositaria de nuestros queridos recuerdos largamente guardados, parece que se nos presenta como una pura falsa, más de la mitad de los recuerdos resulta que se han borrado y la otra mitad está falseada o reinventada con el fin de ir cubriendo lagunas que el tiempo va produciendo. Sensación de vida incompleta a la que parece nos tendremos que ir acostumbrando.
Sensación rara y extraña que a todos y cada uno de los humanos nos ha sobrecogido seguro en algún momento, al darnos cuenta de que no recordamos ni un veinticinco por ciento de nuestra vida, o lo que es lo mismo, que hay muchísimos momentos de nuestra existencia que no somos capaces de recordar ni siquiera mínimamente, y otros muchos que sólo recordamos a grandes rasgos, pero somos incapaces de retener los detalles. Y todo esto nos hace preguntarnos ¿A dónde van los recuerdos que no recordamos?
Quizás algún día sepamos donde se ubican esos recuerdos, donde duermen su sueño eterno, en el hipocampo, en la corteza prefrontal, y podamos rescatarlos, recuperar todo ese material procedente de todas las épocas de nuestra vida, rebobinar e ir pasando poco a poco para ir recordando todo aquello que un día sucedió y con lo que ya no contábamos volver a vivir: recuerdos de la niñez, nuestras primeras amistades, los primeros juegos, el primer cigarro, el primer beso, antiguas canciones, olores característicos, conversaciones trascendentales, momentos íntimos. Pequeños recortes de nuestra vida que vienen a ser tan importantes como cualquier otro u otros, aunque sabemos que la memoria tiende a recordar y fijar sobretodo aquellos hechos que por uno u otro motivo han supuesto una descarga de adrenalina que a provocado la fijación en el cerebro de ese recuerdo, que bien pueden ser por su carácter positivo o agradable para nosotros o también por su carácter negativo o desagradable.

lunes, 22 de junio de 2009

RESTAURADO Y EN FORMA


Gracias a todos por visitarme en mi castillo interior. Perdonar por las molestias que os pueda causar el hecho de que en estos momentos interiormente esté en obras y os agradezco vuestro apoyo en su reconstrucción. Os prometo que en la próxima visita ya estará restaurado y en forma……….


....Restaurado y en forma, así es como me siento después de un acontecimiento duro de asimilar, duro de entender, duro de superar.
Y esto es así porque si lo pensamos con detenimiento, no nos queda otra opción, por lo menos otra opción que sea adaptativa cuando la desgracia nos golpea fuerte.
Mucha gente sabe de lo que estoy hablando y ha pasado por momentos difíciles que ponen a prueba nuestra fuerza de voluntad y nuestra estabilidad emocional.
Existe una capacidad que en mayor o menor grado todos poseemos, y se llama Resiliencia, capacidad que últimamente esta muy de moda el nombrar o hacer referencia a ella, y es la capacidad de lamerse las heridas y volver a levantarse, la capacidad de recuperarse rápidamente de cualquier tipo de estresante mayor que nos pueda acontecer. Esta capacidad está muy desarrollada en países del tercer mundo, todos sabemos porque, y nos preguntamos cuando vemos imágenes en televisión ¿como es posible que rían y bailen continuamente con el panorama de vida que tienen? Pues si, allí parece que florece esta capacidad y no está mal pues posiblemente sea donde más lo necesiten, o quizás sea una capacidad, como otras muchas, que se desarrolle más cuanto más se ejercita, y claro, en esa parte del mundo, sin lugar a dudas, es donde más se ejercita..
También se emplea a menudo dicha palabra cuando nos referimos a países en guerra, que aunque parezca mentira en estos tiempos, aún los hay. En estas situaciones, como podemos imaginar, la Resiliencia también es una capacidad que se pone de manifiesto a menudo. Niños que sufren o ven sufrimientos que nunca debería ver o sufrir un niño, al igual que adultos que se ven forzados a pasar por situaciones traumáticas que la guerra les proporciona y que ponen a prueba continuamente su capacidad de supervivencia conviviendo con el miedo y con la muerte más de lo que sería necesario.
En países desarrollados y en situación no bélica, y digo esto, porque no podríamos catalogar a algunas situaciones como situaciones de paz, cuando verdaderamente no hay una paz social como debería de haber, sino verdaderas luchas urbanas, guerras mafiosas y todo tipo de inseguridades ciudadanas.
Como digo, en estos países desarrollados, la Resiliencia, se pone de manifiesto en personas que han pasado por un estresante mayor como puede ser una violación o un abuso sexual en un menor, o bien, la persona que ha sido atacada por otras personas, y resalto el “atacadas por otras personas” porque parece demostrado que el impacto emocional es mayor si la agresión viene de otra persona, que cuando procede de un animal o de un suceso natural. También personas que sufren atracos, accidentes donde mueren seres queridos, desastres naturales y otros muchos más que sin duda podéis imaginar.
Y sin embargo y para terminar, no son estas grandes preocupaciones las que más daño hacen o suelen hacer a las personas, sino las pequeñas preocupaciones, esas que hacen que no paremos de darle vueltas a la cabeza hasta que acaba por dolernos. Esas preocupaciones sin importancia, casi siempre sobre el futuro, esos “tendría que” “debería de” “y si esto” “y si aquello” “y si lo otro”, pequeñas preocupaciones que hacen que nuestra mente se encasquille y no podamos deshacernos de ellas. Esas preocupaciones que cuando llegan de verdad nos damos cuenta que en realidad no son preocupaciones, no eran tan peligrosas, o tan difíciles de superar como nos creíamos y sin embargo nos han tenido semanas o meses sin poder pensar en otra cosa y sin poder dormir.
Fijaros si la naturaleza es sabia que en estas ocasiones nos deja solos a la hora de hacer frente a esas preocupaciones y no pone en marcha la Resiliencia, sino que esta sale a la palestra cuando verdaderamente la ocasión lo merece, porque de no ser así el resultado a nivel emocional sería fatal.

viernes, 12 de junio de 2009

APEGO COLECTIVO


Y el mundo sigue impasible su continuo girar, el viento sigue balanceando las ramas de los árboles, los gatos siguen maullando en los tejados, la noche continua persiguiendo al día y las gentes andan alborotadas en sus quehaceres diarios ajenos a todo.

Todo sigue su curso como si nada hubiera sucedido, como si nada importara. Como si los hechos particulares de los humanos no interesaran en absoluto. Y yo quedo atónito, pues para mi el mundo se ha parado, es como una imagen congelada en mi mente que ocupara todo mi tiempo e invadiera todos mis pensamientos.

Cuando uno tiene un gran problema, un problema verdaderamente importante, todo su mundo se cierra a él y nuestra atención se focaliza en ese problema aislándonos del exterior.

En ese momento es como si todo lo demás dejara de existir, nada es lo suficientemente importante como para llamar tu atención, todo queda como en un segundo plano ó como situado en otra dimensión, una dimensión que de momento parece estar paralizada.

Tu vida cambia, tus hábitos cotidianos se rompen en pedazos, parece como si no quedara nada de tu antigua vida y te sientes extraño y a la vez incómodo.

Y entonces es cuando observas extrañado que la vida sigue a tu alrededor, que nada a cambiado, y que los pájaros siguen posándose en los cables del tendido eléctrico, las abejas siguen en su incesante ir y venir de la colmena a la flor, y cada cual sigue en lo suyo como siempre. El mundo no se ha parado para los demás ¡que extraño! aunque, tal vez, si se haya parado mi percepción de el en movimiento, pero esto en realidad es bien distinto, todo continua su incesante devenir de acontecimientos. Aunque yo no pueda entenderlo, aunque cueste entender que todo siga su curso sin importar lo que a ti te está pasando, aunque no comprendas como puede ser que no haya cambiado nada en el exterior cuando todo en tu vida ha cambiado.

Y entonces te sientes pequeño y a la vez despegado de aquello a lo que creías que te encontrabas unido, ese equilibrio natural se ha roto, te sientes solo y el apego que sentías por la vida queda fulminado en un momento. Tu problema es tuyo y a nadie le importa, porque todo continúa su curso como si nada estuviera sucediendo, o como si lo que me está pasando, no tuviera la menor importancia. Ese apego colectivo en el que creía, queda en un momento pulverizado por el peso de la realidad y siento que algo muere en mi interior y que el mundo se oscurece un poco más, que la vida pierde sentido cuando no existe un sentido colectivo que yo pienso debería existir ó tal vez eso no sea posible y sólo sea un sueño, un sueño colectivo, un estado de ofuscación producido por el estado emocional alterado por el que estoy pasando, pero eso es lo que siento.

jueves, 4 de junio de 2009

PURA INDEFENSIÓN


Que indefensión más espantosa, indefensión que sólo el fondo de los ojos relata, pero para ello, hay que saber leer en el fondo de los ojos. Mirarlos profundamente con el corazón en la garganta y con los sentimientos a flor de piel. Entonces puedes detectar el miedo en sus ojos, el miedo al mañana, a no poder valerte por ti misma, a ser un objeto más en tu propia casa.

Y sientes tus músculos muertos, inertes, la mitad de tu cuerpo no responde, mientras tu mente si, y ésta se pregunta continuamente, ¿por qué?

¿Por qué las cosas suceden en un momento?
¿Por qué en un instante la vida puede convertirse en un infierno?
¿Por qué a mí?

Todas estas preguntas se pueden leer si miramos atentamente a sus ojos, porque sus ojos lo dicen todo, mientras su cuerpo calla y le traiciona.

Unos ojos incrédulos, que por momentos saborean de nuevo la burla de esa nueva realidad, para más tarde volver a sentir la terrible punzada del miedo en el corazón.

Unos ojos claros, como el agua clara, en cuyo fondo se puede ver la cruel batalla que se está librando en su interior, entre el ayer y el hoy, entre el deseo y la más oscura realidad.

Unos ojos que de vez en cuando se entornan para dejar ir una lágrima silenciosa que reprime las quejas que sabe no valen ahora para nada. ¿Lágrimas de dolor, de desesperación, de fe, de inseguridad, de impotencia? no sé, intentaré verlo en el fondo de sus ojos, para así poder consolarla.

Una mente encerrada en un cuerpo roto, averiado, que lucha por devolver el sentido a la vida, ese sentido que sólo se sustenta en su autonomía, en su intimidad, en su dignidad, cuando todo ello se ha perdido de pronto.

Ojala el sol corra de nuevo por sus venas incendiando su cuerpo de vida y pasión, donde ahora solamente hay sombras, dudas y miedo.

jueves, 28 de mayo de 2009

LA SOLEDAD DEL ÁGUILA



“Quiero tenerte cerca, quiero tus manos asidas, cuando la soledad aparezca, cuando la soledad me explote dentro”



El águila vuela y otea desde lo alto.
El águila llora pues desde lo alto se siente sola
Y esa es una soledad inmensa donde puedes oír tu propia respiración.
Donde el latir de tu corazón martillea tus oídos
Donde el batir de las alas se torna un sonido monótono y cansino.
Desde allí sólo se observa la tierra seca, yerma y estéril
Y por más que abres y cierras los párpados reiteradamente
No encuentras la luz, ni la hierba verde
Sólo va pasando la vida como en fotogramas.
Y el águila se desespera en su soledad y piensa en posarse en la tierra
Pero sabe que no podrá aguantar mucho,
Sabe que sus garras no están hechas para andar.
El águila vuela y otea desde lo alto,
Su gesto se endurece, su cuerpo se tensa y su alma se deprime.
Sus alas se agitan con violencia y comienza una febril subida,
Para después dejarse caer en un desesperado picado,
Con una sola imagen en la mente,
La gran roca fría e inerte del desfiladero,
Allí donde su viaje acabará
Y donde su soledad quedará incrustada.

miércoles, 20 de mayo de 2009

ACARICIAR EL DIA




Me gusta oler el día
Cerrar los ojos y oler su aliento
Sabiendo que su aliento es fresco.
Dejarme llevar por su fragancia
Introducirme en su aroma
Y llenar mis pulmones
Hasta que parezca que están a punto de estallar.
Entonces lentamente soltar el aire
Como si acariciara su cara
La cara limpia del día.
En ese acariciar
En ese vaciar de pulmones
Me dejo llevar por el placer de la relajación
Me siento desplomar y mis músculos se sueltan.
Se desunen unos de otros
Por momentos se sueltan y olvidan su arduo cometido
Y sumido en una paz inmensa me dejo llevar.

viernes, 8 de mayo de 2009

INTERPRETATION




Cuando salgo al exterior y me da el sol en los ojos, los cierro de golpe, y entonces es cuando aparecen imágenes ininteligibles en mi fondo de ojos, imágenes inexplicables, incomprensibles, imágenes que no alcanzo a explicar qué es lo que significan, si es que tienen algún significado.

Yo me doy por enterado, si mi mente las proyecta y mis ojos las ven por algo será. Soy consciente de que la cosa no está tan clara, que la realidad no se manifiesta así, que no tengo nada con que comparar, donde encasillar esas imágenes. Simplemente las dejo en la carpeta de imágenes con acento, con un acento extraño o por lo menos peculiar. Pero esto no me tranquiliza.

Un trago de café y un piense y se me ocurre que tal vez no me esté volviendo loco, tampoco creo que sea una manifestación óptica de un tumor cerebral y por supuesto no es que me esté quedando ciego. Creo que debe ser algún efecto extraño de la luz potente del sol conectando de pronto con mi retina y que una vez se acostumbre todo volverá a la normalidad. ¡Joder¡ que subidón de adrenalina o miedo me ha dado.

Ahora, con esta última interpretación o explicación parece que estoy más tranquilo, mi corazón ha dejado de golpear mi pecho y la respiración parece que se normaliza, o sea, dejo de tragarme el aire con agonía.

Otro trago de café, otro piense, ¡que tontería¡ parece mentira la diferencia entre interpretar una cosa u otra, y sobretodo, parece mentira como lo primero que tendemos a pensar es en interpretaciones negativas y exageradas de una realidad que es mucho más sencilla. Ahora me río del tumor, de la locura y por supuesto de la ceguera.

miércoles, 29 de abril de 2009




Me voy a perder durante una semana porque son las fiestas de mi pueblo. Son del 30 de Abril al 5 de Mayo, y luego seguramente necesitaré otra semana más para recuperarme, pero bueno como es una vez al año.


Las Fiestas son de Moros, Cristianos, pero sobretodode Caballos del vino. Y no son en Valencia, sino en un pueblo de Murcia llamado Caravaca de la Cruz, por lo de su Cruz de cuatro brazos.


Estais todos invitados.


Que paseis vosotros también un buen fin de semana.

viernes, 24 de abril de 2009

ACTITUDES


Hay quien ve la vida como un bosque tenebroso, oscuro y traicionero, lleno de peligros y trampas, como un trayecto que se hace muy difícil de cruzar. Cada día te levantas y recorres un tramo deseando que llegue ese final de etapa diaria para cerrar los ojos y olvidar, pesándote de forma inhumana los párpados y el cuerpo en general cuando debemos ponernos en marcha para hacer el camino de un nuevo tramo o etapa. Es un recorrido tortuoso, lleno de inconvenientes, de miedos. Y es un trayecto que se nos hace muy largo pues desde que nos ponemos en camino, estamos pensando en el momento en que esa etapa terminará.

No queremos pensar, porque nos deprimimos, en que después de esta etapa viene otra, y después otra, y otra, pero es así, y no parece que esa sea la mejor actitud para hacerle frente a ese gran tour que es la vida.

Ese negro bosque terminará por pasarnos factura pues su extensión, aunque no lo parezca, es muy amplia y llevará muchas jornadas el cruzarlo.

Por el contrario, hay otras personas que ven esa misma vida, con sus inevitables problemas, situaciones impredecibles, circunstancias incluso injustas, crueles a veces; la ven como un bosque no tenebroso, sino alegre y lleno de vida donde a pesar de algunos nubarrones, siempre brilla el sol y el cruzarlo, es una oportunidad para conocerlo más a fondo y para disfrutar de las diferentes oportunidades que este les brinda.

Que cuando acaba cada trayecto o etapa, sienten como si les hubiese faltado tiempo, y de igual forma, imaginan y se ilusionan con el comienzo de una nueva etapa al despertar.

Es complicado saber que nos hace ver el bosque de una manera u otra, que nos hace interpretar un mismo paisaje de forma negativa o positiva, que nos hace ver el vaso medio lleno o medio vacío. Pero lo mismo depende de nuestra actitud, de la actitud que mantenemos ante la vida, ante las situaciones que la vida nos va proponiendo. Quizá cuando nuestra actitud nos lleva a pensar que la vida es peligrosa, pesada, traicionera, monótona, etc. Ese sea el momento de esforzarnos en cambiar esa actitud por otra más positiva que nos haga ver el bosque de otra manera.

Y no digamos que nunca hemos cambiado de actitud hacía algo, como por ejemplo, hacía una persona que no podíamos ni ver, una comida que no podíamos probar o un espectáculo al que nos era imposible asistir.

Puede que sea cuestión de proponérselo y ser constante en el propósito de cambiar esa actitud y las creencias en que esa actitud se sustenta.

viernes, 17 de abril de 2009

AUTOESTIMA


A veces alargo mis brazos y pasándolos por delante de mi pecho, los cruzo y me abrazo fuerte. Parece mentira, pero esto me hace sentirme bien. Es, en parte, como un acto reflejo porque comienza de improviso y sin intención alguna, pero también, en parte y a la vez, es un acto consciente, porque se alarga en el tiempo exprimiendo al máximo ese preciado momento.

Esto, ese abrazo al que me refiero, me hace sentirme bien, porque de alguna manera viene a decirme que me quiero, que estoy conforme con el hacer de mi vida, claro está, en general, pues siempre hay algún pero.

Y ese abrazo es tan sincero y real, que hace que se me salten las lágrimas, pues es un reconocimiento, sí, porqué no decirlo, a una labor bien hecha.

A veces hablo conmigo mismo, y aquello que oigo no me desagrada, son palabras reconfortantes, palabras de aliento. Son palabras cariñosas, palabras de afecto. Y esas palabras son bálsamo que tranquiliza el alma absorbe su néctar y penetra en la mente regándola de gotas de seguridad y paz.

A veces hablo conmigo mismo y no me insulto, porque hay ocasiones en que nuestras propias palabras nos hacen daño, rebotan en nuestra mente y se clavan en el corazón. A veces hay palabras con espinas que cuestan tragarlas y cuestan digerirlas.

Pero ese no es el caso, mis palabras, mis autodialogos son amigos, me dicen aquello que necesito oír y callan aquello que me hace daño. Son palabras de apoyo, que favorecen mis proyectos, valoran mis virtudes y aceptan mis errores.

A veces me observo de reojo en el espejo y aquello que este refleja no me desagrada ni me disgusta, ello hace que me mire más ampliamente aunque con recelo y como no busco la belleza virtuosa ni el cuerpo diez, sino el rostro armónico y relajado, los ojos sinceros, la cara amable y cordial y la frente alta, pues lo que allí en el espejo veo plasmado me anima y vivifica y hace que sienta que tengo todo lo que necesito y no debo de pedir más, pues no todo el mundo puede mirar a los ojos a un espejo, mirarle directamente a los ojos y sentirse bien después.

Claro, que quizás para ello hay que entrenar la vista y la mente primero y mirar mucho hacia atrás, mirar a la cara a aquellos que aún no siendo afortunados ni agraciados, se sienten útiles y valiosos y disfrutan de la vida a tope siendo felices con su existencia tal y como son.

lunes, 13 de abril de 2009

ELCASTILLO INTERIOR


Cuando abro las puertas de mi castillo es para que entre el aire. Es porque necesito una bocanada de aire fresco, aire de la mañana, ese aire que te refresca el alma porque viene directo de la sinceridad, de la verdad. Y notas que es fresco porque te rejuvenece, te levanta el ánimo y la autoestima y te cambia el color del mundo. Todo te aparece bajo un baño de fresco rocío que sin esperarlo hace amar profundamente la vida.

Cuando abro las puertas de mi castillo es porque lo necesito, necesito compañía, necesito que sus anchos muros renazcan ante la luz brillante de la mañana, que sus ventanas se abran y respiren el aliento de la naturaleza, que sus amplios salones vuelvan a resonar plenos de voces, risas y melodías y que sus calabozos cierren sus fauces hambrientas de podredumbre y lamentos. Necesito que unos castillos puedan mirar con alegría a otros y puedan comunicarse entre ellos, siempre y cuando las puertas estén abiertas, abiertas de par en par.

A veces subo al más alto torreón de mi castillo y allí me siento bien, miro de tu a tu a los otros castillos y es como una bella explosión de emociones, sintiendo que ese es mi lugar, el lugar que nunca debo abandonar. Allí entiendo el valor de la vida, el lenguaje de las flores, las sonrisas en las caras, las carcajadas. Todo cobra un sentido, un sentido positivo, todo encaja en un mundo alegre y feliz. No se porqué en ese torreón me invade una fuerza vital, me siento vivo y seguro de mi, me siento renacer, cada una de mis piedras rezuma y destila alegría y paz.

Cuando las puertas de mi castillo se abren, se abre mi alma y huyen todos los fantasmas, entonces el alma queda limpia y resplandeciente, queda quieta y tranquila, respirando sosiego y queda abierta para todos, cualquiera puede relacionarse con ella, queda completamente abierta a otras almas gemelas, claras, limpias, quietas y tranquilas como ella.

Sin embargo, sin saber porqué, y sin explicación alguna, de pronto, bajo a los más profundos calabozos y me siento incapaz de salir de allí, atado y preso, sin fuerzas para luchar y subir por esa pendiente que me lleva de nuevo a los altos torreones, y desde ese, mi particular infierno, miro hacía arriba con nostalgia y tristeza a la vez.

lunes, 30 de marzo de 2009

LENGUAS DE ACERO



Me gustaría poder callarme, no decir nada que no me saliera directamente del corazón, porque aquello que sale del corazón es limpio y aseado, es claro y delicado. Todo aquello que sale del corazón o no tiene maldad ni mal sentido, o por su terquedad brota y sale sin necesidad de ser empujado, sale a borbotones, como la propia sangre cuando se abre una vía de salida y por ella se desangra. Y es bueno que el corazón se desangre de vez en cuando, se sincere y descargue todas las tensiones que acumula, quedándose vacío de sangre y vacío de tensiones.

Está bien desangrarse de vez en cuando, dejar caer la sangre mala, dejar salir la mala sangre, la sangre envenenada, aquella sangre desengañada de vivir y de morir.

No es lo mismo, sin embargo, aquella sangre que sale cuando no tiene que salir, aquella sangre que es empujada hacía afuera con saña, obligada a salir porque se ha abierto un camino donde no debía estar, y ese camino sangra y sangra hasta que no queda ni gota y entonces el camino se cierra porque ya ha cumplido su misión, su mortífera misión. A veces se abren más de un camino donde debería haber carne y piel y por ahí es por donde la sangre gotea más rápido, surgen caminos que no damos abasto a cerrar, faltan manos, porque el acero muerde y no suelta a su presa hasta que esta no se ha desangrado.

Maldito acero, mal parido y mal criado que para el fin utilizado más vale no haber nacido. Mal utilizado, tal vez, por manos muertas guiadas por la locura y que una vez muertas son mal usadas blandiendo el frío acero mal parido y mal criado y aún peor utilizado. Malditas lenguas afiladas que sin buscar tu mirada hacen daño al corazón, perturban la razón y vuelven a abrir las heridas, volviendo a hincar en la piel el malvado y frío acero.

A veces se hace más daño con la lengua que con el puñal, los dos hacen desangrarse el corazón, hacen que llore desconsolado, pero mientras que uno te apuñala mientras te mira a los ojos, el otro te hiere poco a poco poniendo en marcha un mecanismo que una vez lanzado al aire se expande rápidamente de boca en boca y se vuelve contra ti como lanzas afiladas que se te clavan directas en el corazón por la espalda.

Esas lenguas lanzadas como bala letal van derechas al corazón y van cargadas de un veneno mortal que se esconde tras el engaño y la trampa de hacerse pasar por aliada aunque por la espalda atacan de forma astuta pero cobarde, con sutileza pero con la bajeza de aquel que no entiende de sentimientos, de amistad, de amor.

martes, 24 de marzo de 2009

ABRAZAME

"Abrazamé fuerte, porque ese abrazo perdura en mi mente hacíendome sentir fuerte y seguro".
Abrázame fuerte, exprímeme como se exprime un limón, quiero que fluyan mis emociones que goteen y caigan sobre ti para que de esa forma tú percibas lo que un fuerte abrazo puede llegar a hacer sentir, y cuando te estremezcas sintiendo un torrente de sensaciones sabrás lo importante que es un abrazo para mi.

No puedo explicártelo con palabras porque mis sentimientos se atragantan y me ahogan. No puedo decírtelo con la mirada porque si intento mantenerla mi cara arde, mi corazón tiembla y mis ojos se cierran. No puedo comunicártelo con el corazón porque ya lo he intentado y ha quedado totalmente desilusionado al no encontrar otro corazón apasionado. No puedo expresártelo con la razón porque esta se me nubla, encerrando mis ideas y pensamientos en una jaula que me aísla y me aleja de ti.

Tan sólo te queda abrazarme fuerte, atacar mi cuerpo inerte hasta que abordado por mil y una sensaciones diferentes, reaccione y responda a esa llamada de auxilio que mi alma necesita y que mi mente niega ciega de vergüenza y timidez.

Hay que ver lo poco que cuesta, lo fácil que es y lo poco que se suelen prodigar, un abrazo no necesita muchos argumentos para entregarlo, tampoco es necesaria la utilización de herramientas o utensilios para ofrecerlo, solamente, unos brazos abiertos y el pecho firme, corazón con corazón y poco más.

Es tanta la gente que echa en falta un abrazo, que una vez decidido, el encontrar quien lo acepte no sería problema, pues un abrazo siempre es bien recibido. Es un elixir que te anima, te alegra la vida y limpia el alma y un alma limpia es un alma que abraza.

Abrázame porque tropiezo, abrázame porque me puedo caer, abrázame porque tengo frío, abrázame que tengo miedo. Cualquier excusa es buena cuando el abrazo es el destino, porque el abrazo en sí mismo tiene razón de ser y sentido divino.

No te cortes, no te avergüences y abrázame si así lo sientes, pues antes de negar un abrazo, si este sale del corazón y es sincero, te juro que me corto los brazos, si no muestra lo que yo quiero.

Si no sabes abrazar yo te puedo enseñar, te diré que seas sincero, que pongas el alma en ello, que me mires a los ojos y te olvides de tus miedos. Si no sabes abrazar piensa que no es tan difícil, no es nada complicado, es sólo que no estas acostumbrado y tus ojos se cierran. Mantén los ojos abiertos, da un paso decidido hacía adelante, abre tus brazos, tu mente y tu pecho y dando rienda suelta a tu corazón, déjate llevar por los hechos.

viernes, 13 de marzo de 2009

CON LOS CINCO SENTIDOS

"Nada hay en la mente que no haya estado antes en los sentidos" Aristóteles

Como duelen los sentidos, pero aún más duele el sinsentido. El sinsentido de la persona que no estando privada de ellos, no sabe utilizarlos o bien los infrautiliza haciendo un mal uso de ellos, no disfrutando de lo que por medio de ellos se puede disfrutar, solamente utilizándolos para la más absoluta cotidianidad, condenándolos a una vida sin sentido y superficial.

Os imagináis una vida sin sentidos, una vida privada de nuestros órganos de los sentidos, creo que es algo inimaginable, se perdería la esencia misma de la propia vida, seriamos un vegetal, una roca, un mueble, un trasto.

Una vida sin olfato, olfato para disfrutar de un buen perfume, para huir de un desperfume, olfato para los negocios, olfato para el amor y también para el desamor. Creo que podría vivir sin olfato aunque reconozco que sería bastante incomodo.

Sin el gusto, nada nos daría gusto y todo tendría el mal gusto del no gusto. No podríamos saborear un buen guiso, lo cual nos haría sentirnos a disgusto. ¿Y que poco gusto daría no sentirnos a gusto, tomando algo de mal gusto, sintiéndonos a disgusto? Pienso que de alguna manera terminaría por acostumbrarme a no depender del sentido del gusto, insisto, no me daría gusto, pero creo que llegaría a sentirme a gusto sin el sentido del gusto.

En cuanto al tacto, tacto monta, monta tacto, la vida no la sentiríamos igual. Y la vida está para sentirla, para palparla intensamente, tantearla una y otra vez, consumirla con tacto, de un largo trago y con los ojos cerrados sintiéndola en la piel y saboreando cada minuto de ella. El tacto es el hermano listo, fino e inteligente de los tocamientos. El tacto nos sirve para tantear, tocar, acariciar, indagar palpar y actuar con tacto. ¿Qué seria de mí sin tacto?

Ahora debo de ir con vista. Porque no es fácil transmitir la importancia que tiene este sentido para nuestra autonomía, autonomía para el trabajo, para el ocio, para nuestras relaciones sociales, para nuestra vida cotidiana. Si nos falla la vista nos falla la orientación, nos sentimos desorientados, perdidos, inseguros. Se nos va la más especial de nuestras capacidades, la que nos da el color, color de las flores, del cielo, del mar. Pero también se va el color de las caras, las caras ya no nos dicen nada, lo mismo da una cara de entusiasmo, de miedo, de alegría o de tristeza. Que triste no tener caras que ver, no poder sorprendernos con la gran pluralidad de gestos diferentes, no poder leer el lenguaje corporal, no poder leer nada.
Cuando en algunas ocasiones con motivo de algún juego, de pequeño con los amigos , pero sobretodo de mayor con los hijos me he cegado tapándome los ojos con un trozo de tela, he podido verdaderamente acercarme, sólo acercarme a lo que en verdad puede sentir una persona ciega y he experimentado el miedo, mucho miedo, miedo a la posibilidad de que al quitarme la tela de los ojos todo siga igual, lo que ha hecho que instintivamente y de un tirón me quite ese trapo de los ojos y con total avidez abra los ojos para de algún modo comprobar que todavía puedo ver, y así experimentar de nuevo, recorriendo la vista por todos lados parándome en cada objeto, la agradable sensación de poder ver y observar todo cuanto se cruza en mi ángulo de visión.
Y aún así, después de abrir los ojos y comprobar que todo sigue igual que esa experiencia era un juego y que todo a pasado ya, como digo, aún así, no puedo apartar de mi mente sobrecogida y atónita, el susto que me ha producido el pensar en todas aquellas maravillas de las que no podría deleitarme si ya no disfrutara del sentido de la vista: un magnifico cuadro, un atardecer, un eclipse, diferentes paisajes con todo su colorido, un cielo estrellado y tantos otros que sería imposible detallar.

El oído… si un día me faltara el oído, mi mente se nublaría. Quedaría quieta y perdida esperando un sonido que jamás llegaría.

Mi mente preguntaría y nadie le contestaría, el silencio sería la única contestación que tendría y confusa, muy confusa quedaría pues en adelante no sabría en quien confiar y a quien preguntar.

Por las noches oigo a mi mente sollozar echando de menos con quien dialogar, si no puedo escuchar que razón hay para hablar. Sensación de vacío, inmensa quietud, una quietud sobrecogedora e infinita que para siempre me espera y nada puedo hacer por evadirme.

Solo y envuelto en la soledad más silenciosa, cuanto daría por un grito, por un grito desgarrador que de súbito devolviera el sonido a mi razón. Solo me encuentro por dentro y nada me saca de mi interior, mi vida se ha convertido en un mundo seco y podrido que me hiere en el corazón.

viernes, 6 de marzo de 2009

¿BLOG MASCULINO, BLOG FEMENINO?


Hace algún tiempo que vengo dándole vueltas a un tema que pienso puede ser interesante el preguntarlo abiertamente en el blog, y parte de un antiguo debate abierto ya hace años sobre las diferencias que existen entre hombre y mujer, pero no desde el punto de vista de averiguar quien es mejor que el otro, sino partiendo de la base de que unos poseen unas cualidades o capacidades más desarrolladas y otros tienen otras, y que lo positivo sería siempre el encontrar la forma de que estas se complementasen, o sea, que formasen un equipo en pos de un fin mutuo. Esto, claro está manejándonos a nivel general, con datos generales, pues particularmente sabemos que cada individuo es único e irrepetible.

A raíz de esta polémica suscitada ya hace años y alimentada de vez en cuando por psicólogos resaltando ciertas diferencias en la personalidad, y neurólogos resaltando diferencia estructurales en los diferentes cerebros, entre otros. Yo tengo una curiosidad que es la siguiente. Me vengo preguntando si es posible conocer el sexo de un blog por sus textos, su forma de expresarse, los temas que toca normalmente y por el entorno o adornos (no sé como se llaman) que componen ese blog, así como también por la música que suena en el. Si todo ese entramado nos daría pistas suficientes como para poder diferenciar entre un blog gestionado por un hombre y otro gestionado por una mujer.

Sabemos que un blog es algo muy personal que manifiesta gran parte de nuestra personalidad y en el que descargamos nuestros sentimientos y emociones. Que a veces el blog hace florecer nuestra verdadera forma de ser y de pensar, la que no nos atrevemos a mostrar en nuestra vida cotidiana por miedo a ciertos convencionalismos y aprovechamos ese anonimato para mostrarnos tal y como somos. Lo que en caso de los hombres pienso hace salir a flote nuestra parte femenina, delicada y sensible que normalmente no mostramos en público.

También sabemos, según estudios efectuados sobre el tema, que la mujer tiene mayor capacidad para llevar a cabo tareas simultaneas, para identificar emociones ajenas con mayor precisión, mayor capacidad para el lenguaje y también de memoria, entre otras.

Por otro lado el hombre posee mayor capacidad de concentración, de orientación, también mayor capacidad para tareas espaciales y para las matemáticas y el cálculo, entre otras.

Suponiendo que estas diferencias efectivamente se den, la pregunta es ¿TIENEN SEXO LOS BLOG? Y ¿SERIAMOS CAPACES DE DISTINGUIR UN BLOG DE UN HOMBRE DEL DE UNA MUJER?

jueves, 26 de febrero de 2009

EL MAR

"A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara una gota" Madre Teresa de Calcuta

Mar profundo, mar adentro, que cuanto más adentro llego menos te conozco y más te quiero. Surcar tu superficie y acariciar tu enorme cola es lo que añoro y bajar a tus abismos deseo a la vez que recelo.

Gran respeto me mereces, gran alivio me proporcionas, cuando estoy a tu lado y todo funciona. Deseo perderme en el mar, mar de emociones contenidas, mar de sensaciones a flor de piel, mar de vida, y habitar en tus entrañas hasta que una ola me devuelva a la orilla.

Mar, tu nombre me seduce, tu fuerza me apasiona, tu inmensa corona de movedizas olas me relajan y tu color, tu color me eleva a los cielos, me expande en el firmamento y como lluvia de plata me deja caer sobre tu blando colchón de espuma y escarcha. Y allí, descanso mirando al cielo, adormilado por el balanceo de las olas y seguro y protegido por tus colosales brazos, brazos fuertes y seguros, brazos largos y poderosos, sensibles y protectores. Costa blanca, costa brava, costa cálida.

El mar evoca en mi pensamientos perdidos en mi memoria, recuerdos de antaño, de niño, cuando mi excitación al contemplarte era aún mayor, casi conmovedora, pero siempre acogedora.

Mar brava ó mar serena, pero siempre valiendo la pena, bailar contigo de nuevo y dejarse llevar abrazado a tu cintura recorriendo la extraordinaria grandeza de tus profundidades olvidándonos del tiempo, dejándonos llevar allí donde tu alma descansa, donde tu marea nos lleve.

Quien fuera barco velero para con gracia y elegancia posarse en tu cuerpo ligero y fundirse en un abrazo por toda la eternidad, recorrer por tu piel los caminos ocultos y los senderos que transitan tu manto de espuma, oler tu semblante y tragar el sabor salado de tu cuerpo.

Quien no ha jugado saltando sobre sus olas, forzando un choque desigual que termina en revolcón y trago de agua. Quien no ha buceado buscando un final que nunca llega y que se pierde en el infinito. Quien no ha descansado tendido en su orilla sintiendo su fuerza que arrastra hacía adentro con ansia.

El mar, a todos nos seduce la primera vez que lo vemos y nos envuelve tal emoción de la que ya no logramos deshacernos jamás. Esa primera vez siempre nos acompañará y en nuestra mente compartirá un huequecito que irá creciendo con nosotros a lo largo del tiempo hasta anidar para siempre en ella.

viernes, 20 de febrero de 2009

LA RISA DE UN NIÑO


"Cuando un niño ríe, ríe la humanidad, ríen los ríos, las plantas y las estrellas del firmamento"


Hay algo más alegre, encantador y contagioso que la risa de un niño, o alguna luz más intensa y resplandeciente que su cara. Cuando veo a un niño reír, sin saber como, mi cara imita su gesto y sin saber porqué me sorprendo riendo yo también.

Hay algo más ingrato que quebrantar la risa de un niño, expulsar esa risa de su cara, robarle esa felicidad, sin más. Quien despoja la cara de un niño de su sonrisa natural, despoja de ilusión el mundo, el mundo se vuelve más sombrío, apagado y lúgubre a falta de ese faro que nos ilumina y guía hacía un mundo más feliz y optimista.

Cuando un niño ríe, ríe la humanidad, ríen los ríos, las plantas y las estrellas del firmamento. Cuando un niño ríe amanece y sale el sol, los girasoles se vuelven hacía él y se arrodillan, pues reconocen en esa risa alegre y radiante el sustento que ellos necesitan para vivir.

Quien puede dar la espalda a la sonrisa de un niño, quien es capaz de cerrar los ojos ante esa luz, pues, por muy resplandeciente y cegadora que sea, no puedes dejar de mirarle de frente y disfrutar con ese estallido de fuerza, vitalidad y vida.

Quien sabe las horas que yo estaría observando a un niño reír, escuchando ese alegre sonido que entra por mis oídos y se aloja directamente en mi corazón para habitar en él.

Como me gustaría ser risa, para desde lo más profundo de ese cuerpecito, salir surcando pecho y garganta, posarme en sus labios cual catapulta y ser expulsada al viento fresco de la vida para alegrar la existencia de cuantos escuchan su risa.

La risa de un niño despierta sensaciones y sentimientos que andaban dormidas esperando el momento de despertar de su sueño, ese sueño encantado que añora durmiendo la risa de un niño.

Si no es risa que más da, que sea sonrisa, sonrisa esperada, sonrisa soñada, que intenta llegar a ser algún día una sonrisa endiablada. Risa alegre y jubilosa, risa como jamás he oído, risa que torna un día gris en luminoso, que cuando en tu emoción se cierne tormenta, tiene el poder de cambiar esa triste canción por otra alegre melodía como es la risa clara de un niño, de un niño que dibuja en su cara la uve secreta.

viernes, 13 de febrero de 2009

EL SALUDO


“Un buen saludo mirando a los ojos de la otra persona, sonriendo, relajado y acompañado de la postura y expresión adecuados es gratificante tanto para el que lo dispensa como para el que lo recibe”

Hay personas a las que les cuesta trabajo saludar, y con ello no me refiero al saludo típico entre amigos con la consiguiente puesta al día sobre, como estás, donde te metes que no te veo, etc. Sino que me refiero al saludo de “hola”, “buenos días”, “adiós”, a los conocidos simplemente, o ni siquiera eso, al saludo entre personas desconocidas que conviven en una misma población o ciudad. Supongo que será por su forma particular de entender el saludo como algo estrictamente utilizado cuando existe una relación más o menos cercana, o tal vez sea por timidez, o miedo al compromiso o simplemente dejadez.

La verdad es que depende del concepto que la persona tenga de relación o interacción, de que éste concepto sea más o menos amplio y de las características de su personalidad, como el que sea más extrovertida o menos, más o menos expansiva.

Pero también se puede enfocar de otra manera, como un hábito adquirido o aprendido, y como siempre digo, si algo se ha aprendido, también se puede desaprender, pero para ello hace falta una motivación o la anticipación de posibles consecuencias agradables que refuercen la conducta de saludar, y esos argumentos son los que yo espero proporcionar.

Es importante tener en cuenta, algo que hoy en día está súper demostrado como es la importancia en las relaciones humanas o en las interacciones satisfactorias y positivas entre las personas del gesto, o sea, de la expresión, la postura, los movimientos, en definitiva, del lenguaje corporal. De ello depende la imagen que vamos a dar, el primer concepto que se formarán de nosotros, el impacto que causaremos, el empezar con buen pie una relación personal o comercial, el éxito o el fracaso, y sobre todo condicionará los siguientes contactos con esa persona o grupo, aunque no definitivamente.

Por otra parte, hoy en día, cada vez se le da más importancia al gesto, a la postura, a la expresión como catalizador de la emoción; es decir, si logramos cambiar la emoción de tristeza o de depresión por otra emoción positiva, cambiará la expresión de la cara, el gesto y la postura, pero, a la vez, si nos esforzamos en cambiar el gesto, la expresión y postura de tristeza, también podemos conseguir variar la emoción, primero por que cambiamos una actitud personal, además de que en las interacciones con la pareja, hijos, otros familiares, amigos, etc.. el resultado es muy diferente con un gesto o expresión o postura, que con otro, teniendo en cuenta de que la interacción entre personas se nutre de un constante biofeeddback y nuestro gesto, expresión y postura va a condicionar la respuesta que obtengamos de los otros.

También es obvio que los humanos somos por naturaleza sociables y que los mayores logros en nuestra evolución se han conseguido a partir y provocados por la formación de grupos sociales, siendo considerada como contranatura cualquier conducta de aislamiento o huída de las relaciones con nuestros iguales, a excepción de aislamientos temporales voluntarios con fines meditabundos u otros y por el contrario enriqueciéndonos, fortaleciendo nuestra calidad humana, potenciándonos como personas sociables y certificando nuestro absoluto compromiso por la vida, disfrutando de todo lo que ella nos ofrece, sobre todo de las relaciones sociales, del contracto o interacción con otros, bien sea por medio del lenguaje oral, escrito o corporal, con amigos íntimos, conocidos o desconocidos. No se trata de cómo o con quién, sino de una filosofía de vida.

Con todo esto, no se si me daréis la razón, el SALUDO, un buen saludo mirando a los ojos de la otra persona, sonriendo, relajado y acompañado de la postura y expresión adecuados es gratificante tanto para el que lo dispensa como para el que lo recibe, refuerza nuestra imagen y el concepto que tengan de nosotros, facilita nuevos contactos y abre las puertas de una relación más profunda, refuerza la autoestima de los dos, aunque tal vez por motivos diferentes, nos alegra, nos produce satisfacción y nos obliga a sonreír y en definitiva nos hace sentirnos mas cercanos a los demás y disfrutar más la vida.

De hecho satisface igual un buen saludo a un conocido que a un desconocido, aunque sea en otro país y en otra lengua, compruébenlo.

viernes, 6 de febrero de 2009

GARABATOS


“Garabateando los trazos de mi vida y formando el dibujo de mi existencia, consigo creer en el mañana”


A veces invento garabatos en un papel y me gusta ver como el papel va cambiando, se transforma, como pasa de ser una hoja en blanco a ser algo concreto, un escenario al cual le voy añadiendo actores, decorados, que poco a poco van cambiando su fisonomía, una fisonomía que yo reconozco como mía.

No hay un proyecto base o un boceto. No hay nada premeditado, sólo, la mente vuela inquieta entre las nubes y la mano acaricia la base del papel. Tanto la una como la otra, lo hacen mecánicamente unidas, acompasadas, compenetradas. Pero no concentradas en lo que hacen, mente y mano accionadas como por un soplo de aliento que las empuja hacía la hoja haciendo que se derramen en ella significados de tinta que poco a poco van tomando forma. Da igual el papel, da lo mismo el lugar, no importa el momento, es un pálpito, un instinto, un acto totalmente involuntario.

A menudo me relaja el hacer garabatos en una hoja en blanco, mi mente descansa, sobretodo, mí mente descansa, pero también mi cuerpo se deja llevar por la dejadez, se vuelve laxo como si no hubiera nada tan relajante como hacer garabatos. A veces ocurre que ni siquiera soy consciente de que estoy haciendo garabatos sobre el papel, es más, no sé si hay papel o estoy haciendo garabatos directamente sobre la mesa. Mi mano funciona en esos momentos independientemente de mi cuerpo y de mi mente, es como el rabo de lagartija separado de su cuerpo agitándose y contorsionándose por separado, sin un aparente sentido.

Suele ocurrir que cuando me concentro en algo, cuando intento centrar mi atención, sin apenas darme cuenta, como si fuera un autómata, mi mano busca inquieta un bolígrafo o un lápiz y una vez provisto de el busca un lugar donde posarse, para en un acto totalmente reflejo y automático comenzar a garabatear casi sin darse cuenta de ello pues tu mente en realidad continúa centrada en los pensamientos que en ese momento nos invaden. Evidentemente está claro que, sin llegar a saber porqué, el hacer garabatos sobre una hoja en blanco me ayuda a concentrarme, me abstrae.

Pero si tuviera que explicar que es un garabato, de esos, que yo digo, pues diría que es un trazo hecho con un bolígrafo en una hoja de papel, que no sé donde empieza y mucho menos donde va a acabar. Un trazo desalojado de mi interior, que se forma en la mente y se transforma en lo que es, por medio de mi mano.

Un garabato es una hipótesis de mi mente que cobra vida y pare mi mano, pero sin un sentido implícito, únicamente somos capaces de darle un sentido una vez que la mano se ha detenido y en conjunto esos trazos o garabatos se identifican con una imagen mental, pero de la misma forma, la mano podría haber seguido garabateando y esa imagen ya no sería la misma, sino otra cualquiera, otra imagen más, identificada con unos garabatos.

Muchos garabatos han acabado en grandes cuadros, en grandes imágenes, a veces la mente piensa en grande.

viernes, 30 de enero de 2009

DARDOS ENVENENADOS


No hay nada más frágil y vulnerable que la autoestima en la adolescencia. No hay nada más cruel que los autodiálogos que se desprenden de una baja autoestima. Nada hay comparado a la tozudez, rigidez y negación de la realidad de aquel que se empeña en verse un completo fracaso. Y no hay nada más doloroso, frustrante y desesperante que vivir con ese autoconcepto.

Es cierto que la adolescencia es una etapa de cambios continuos, de sentirse a medio camino, de intentos de autoafirmación, de gran actividad mental, y de grandes preguntas que quizá aún no estén maduros para responderse. De incertidumbre e inseguridades y quizá, por eso, lo más real y seguro sean sus iguales, su grupo y su relación con ellos, sus afectos.
Por todo ello el reconocimiento, la imagen, el ser aceptado, caer bien, etc., se convierte en un objetivo prioritario, “me importa mucho lo que piensen de mí”, “si no me comporto adecuadamente no me aceptarán”. Comenzamos a preocuparnos por decir lo adecuado, parecer simpáticos, saber defendernos, no parecer tonto, que no se rían de mí. Y todo ello aumenta nuestra presión, hace que nos preocupemos en exceso, que nos sintamos observados, que nos pongamos nerviosos, que perdamos la naturalidad y espontaneidad, hace que nos bloqueé la ansiedad y cometamos errores. Quizá más de la cuenta si nuestra preocupación y ansiedad van en aumento y ello comienza a distorsionar y desajustar la creencia y el concepto que tenemos de nosotros mismos sintiéndonos más torpes, rechazados, inferiores a los demás, más desgraciados, etc.
A partir de entonces, cuando ya se ha formado un autoconcepto negativo, que se va reforzando y confirmando con posteriores experiencias negativas, éste hace caer la autoestima por debajo incluso de nuestros propios pies, ya nada se respeta, simplemente nos hemos perdido todo el respeto y cualquier insulto vale con tal de sentirnos heridos, con tal de hacernos daño. Estamos resentidos con nosotros mismos, en definitiva, no nos queremos.
Y esos dardos envenenados que con toda impunidad e intimidad nos lanzamos continuamente, nunca son puestos en duda, simplemente nos los creemos sin pedirles evidencias… “soy un inútil y siempre lo seré” “no valgo para nada” “no le importo a nadie” “nada me sale bien”. Esto que a cualquiera nos pondría los pelos de punta primero, para más tarde revelarnos y fulminar con un golpe de realismo, para ellos es totalmente merecido, el dolor que les produce es un castigo aceptado y asumido y nada más lejos que el mínimo intento de valorar o comprobar el mayor o menor ajuste a la realidad de los insultos ingeridos pero nunca digeridos.
La única esperanza es detectar este proceso insidioso de autodescalificación sin piedad y hacerle ver el error en sus afirmaciones y predicciones.
Y aún así, no es fácil. Cuando esos autodialogos, pensamientos negativos y rumiaciones denigrantes son descubiertas y por fin en el curso de un amargo llanto los dardos quedan al descubierto ante la incrédula mirada de sus padres o amigos. Por mucho esfuerzo que se ponga en explicarle que todo eso no es exactamente cierto, que está magnificado y que no se ajusta en absoluto a la realidad, los esfuerzos serán en vano ante la tozudez, falta de flexibilidad e irracionalidad de sus creencias. Su autoconcepto y su baja autoestima son ahora el filtro por donde pasan sus nuevas experiencias que automáticamente serán interpretadas según el sesgo existente.
Este es un camino doloroso y más común de lo que nos pensamos, el cual me gustaría haber expresado con los suficientes detalles como para que sirva a padres y amigos, pero sobre todo a ellos mismos para detectar una situación y un proceso, a ser posible antes de llegar a este punto, pues si, como digo, el camino es penoso, también es cierto que lo peor está por venir si no se le pone remedio.
Lo cierto es que ésta situación se suele complicar entorpeciendo y haciéndonos fracasar en nuestras relaciones sociales, de pareja, aislándonos con el fin de sentirnos más seguros y protegidos, poniendo trabas a nuestras aspiraciones en el trabajo, o tal vez, complicándose con una Fobia Social y/o depresión.
Insisto, no lleguemos a éste punto, cuando nos sorprendamos pensando de esa manera, lanzándonos dardos envenenados, los cuales podemos detectar porque automáticamente después cambia nuestra emoción, ósea, nos sentimos deprimidos, molestos con nosotros mismos, defraudados, desesperados, pidámosles evidencias, pongámoslos en duda, comprobemos si hemos magnificado o exagerado esos pensamientos negativos y sus consecuencias y valoremos objetivamente si se ajustan a la realidad.

Y una reflexión ¿el lanzarse dardos envenenados es sólo una práctica típica de la adolescencia?