miércoles, 8 de febrero de 2012

POR MI SEGURIDAD



“EL AVE CANTA, AUNQUE LA RAMA CRUJA, PORQUE CONOCE LO QUE SON SUS ALAS”
José Santos Chocano







Cuando la seguridad se quiebra, primero cruje, que es como un aviso, un aviso que sobreviene como un escalofrío que inunda todo el cuerpo. Luego sigue crujiendo, hasta que por fin se quiebra y cae, no sabemos a donde pero sentimos el vértigo de la caída, cayendo a la vez todas nuestras defensas, dejando nuestra alma desnuda, indefensa y tiritando.
Entonces todo se torna difícil, con una dificultad profunda, más propia de nuestra sin razón que de la realidad, pues esa realidad pierde toda su objetividad para convertirse en una realidad paranoica, ingrata y saboteadora de nuestra propia personalidad.

Cuando la seguridad se quiebra, nos invade la duda, la duda nos corroe. Nuestra capacidad de juicio se encasquilla dejando nuestra vida huérfana de decisiones, a merced de la incertidumbre, cualquier decisión nos supera, por exigua e insignificante que sea, todo se torna inseguro, la palabra, el paso y hasta la mirada y por supuesto, la vida se va endenteciendo poco a poco hasta pararse, trabada e inmovilizada por las cadenas de la indecisión y la falta de iniciativa.

Cuando la seguridad se quiebra, no hay otro camino que confiar en nosotros mismos y en los que nos rodea, los que nos quieren, coger las riendas de nuestra mente y someterla al más estricto realismo basado en experiencias pasadas que reflejan una personalidad e imagen más acorde con la realidad, romper con la subjetividad negativa y cruel que nos invade y enfrentar el futuro con decisión, si no, con seguridad, que esta ya volverá poco a poco si no la retroalimentamos con nuestra indefensión.

martes, 24 de enero de 2012

LOS FANTASMAS DEL PASADO






"SON COMO CADENAS QUE ME INMOVILIZAN Y ME IMPIDEN DESARROLLARME, SON LOS FANTASMAS DEL PASADO"





Normalmente la experiencia es algo que enriquece a la persona, que nos suele dar seguridad y aplomo, y que nos hace crecer personalmente.
Sin embargo, existen algunas experiencias que por el contrario nos impiden desarrollarnos, nos hacen sentirnos inseguros y apocados, vulnerables y nos aferran al pasado reviviéndolo una y otra vez haciéndonos chocar contra él como una mosca con el cristal de la ventana.
Como autómatas cometemos los mismos errores una y otra vez cayendo en la trampa que continuamente nos pone nuestra propia historia. Experiencias traumáticas del pasado nos hipotecan el futuro, tan sólo porque de ese pasado se derivan ciertas etiquetas, impuestas o auto impuestas, que asumimos como propias y con las cuales llegamos a identificarnos de tal manera que condicionan nuestro presente y nuestro futuro : “ Yo sé que no le suelo caer bien a la gente” ó “ no se me dan bien las matemáticas “ ó “ soy feo y físicamente desfavorecido “ ó “ jamás podré superar una entrevista de trabajo, me moriría de vergüenza y haría el ridículo “ ó “ Se que soy débil psicológicamente y todo me afecta”. Y muchas etiquetas más que proceden del pasado, de la infancia o adolescencia y que asumimos, no nos engañemos, porque aunque nos quejemos, en el fondo nos ayudan a evadir enfrentarnos a ciertos problemas del presente, acomodándonos ciegamente en el engaño y tropezando una y otra vez en la misma piedra.
Ejemplo de ello es la persona que una vez tras otra fracasa en su empeño de mantener por tiempo un trabajo, o aquella persona que igualmente a lo largo de su vida ha ido fracasando en todas las relaciones de pareja en que se ha involucrado, sin intentar cambiar su comportamiento.
La persona que como antes comentaba, tropieza una y otra vez en la misma piedra, debe preguntarse por fin:
¿Que estoy haciendo mal? ¿Que pautas de comportamiento estoy repitiendo una y otra vez que puedan ser inadecuadas? ¿Que debo hacer para cambiar esta inercia de comportamientos inadaptativos?
Es obvio que algo no estamos haciendo bien, en algo fallamos, y algo debemos de cambiar para conseguir superarnos y no fracasar de nuevo.
Y el primer paso después de reconocer esto, supone no culpar sistemáticamente a los demás por nuestros errores y no refugiarse en sus etiquetas del pasado: Como “yo soy así “, “esta es mi forma de ser y no puedo cambiar “.
Porque de esta manera, lo que está diciendo y asumiendo es que está condenado a fracasar en esta u otras empresas o proyectos de vida, que no quiere cambiar o no sabe que tiene que cambiar y cómo hacerlo. Y que es mucho más sencillo negar la realidad y refugiarse en esa incapacidad para no enfrentarse a la vida, para no seguir desarrollándose como persona y continuar negándose con falsos motivos a enfrentarse a sus problemas del presente. Todo ello, culpando como lo ha hecho siempre a sus padres por como le educaron, profesores o amigos por como le trataron, achacando su vulnerabilidad presente a los fantasmas del pasado.
Hay quien se cree tan débil y vulnerable, por esas etiquetas, repito, impuestas o auto impuestas, que ante el mínimo estrés o problema se apoca y se siente tan inseguro que responde de forma exagerada con ansiedad, huyendo de la situación o cometiendo los mismos errores de siempre, pero sin conciencia de ello.
La única salida posible es dejar esos fantasmas en donde le corresponde, en el pasado, y enfrentar la vida conforme nos viene, poniendo en marcha nuestros recurso ya oxidados, pero al fin y al cabo nuestros recursos, que en poco tiempo estarán perfectamente engrasados y listos para servirnos, así como a la vez ir poniendo al día nuestras etiquetas, de forma más realista y de acuerdo a los resultados del presente. Con ello, veremos como esos fantasmas del pasado cada vez van quedando más lejanos y obsoletos.

martes, 10 de enero de 2012

AUTODIALOGOS. TU MEJOR AMIGO



"A VECES NO SOPORTO EL RUIDO QUE PRODUCE MI MENTE, LE MANDO CALLAR Y AUMENTA, LO ACEPTO Y DESAPARECE"



Vamos a hablar de un amigo. De ese amigo que siempre te acompaña y nunca te abandona, al que puedes engañar, pero no siempre convencer, a ese amigo que mejor te conoce y sufre contigo, que tiene muy buenos consejos para darte pero que no siempre escuchas.

Este amigo al que me refiero, eres tú mismo, somos nosotros mismos, son nuestros Autodiálogos.

Los Autodiálogos son lo que nos decimos a nosotros mismos, son diálogos internos que pueden ser positivos o negativos. Sería bueno ser consciente de ellos, saber si estos son positivos, nos dan fuerza, ánimo, nos apoyan y defienden de ciertos pensamientos negativos, o bien, son negativos, pesimistas, desalentadores y afectan a nuestro estado de ánimo.

Muchas personas, (y pueden hacer la prueba ahora) no sabrían decir, si tienen Autodiálogos o no, ni por supuesto, en caso de que los tengan, si estos son negativos o positivos, lo cual tiene su explicación. Al igual que somos capaces de venir de Murcia a Caravaca, por supuesto en coche y conduciendo y nos sobresaltamos cuando hay largos trayectos por los cuales no somos conscientes de haber pasado.


Lo mismo sucede con estos Autodiálogos, que aunque, suceden e incluso producen cierto efecto en nuestra emoción, podemos no ser conscientes de ellos.

Esto ocurre porque se han automatizado, con el paso del tiempo se han mecanizado, nos hemos habituado y se han independizado parcialmente de nuestra consciencia, en el caso del coche a nivel conductual y en el caso de estos diálogos internos a nivel cognitivo, pero el resultado es el mismo.

Y es interesante volver a enfatizar en que estos Autodiálogos pueden ser positivos o negativos, y por supuesto neutros, aunque estos no importan mucho pues no producen ningún efecto sobre nuestra emoción, que no es poco. Y partiendo de ellos, de que sean de un tipo u otro va ha depender en gran parte el que seamos más felices o menos, el que tengamos mejor o pero humor, el que nuestra emoción sea de tristeza, alegría, angustia, miedo o satisfacción.

Hay personas que manejan unos Autodiálogos siempre negativos, sobre sí mismos, sobre el futuro y ello les hace sufrir y padecer constantemente, no siendo, como ya hemos comentado antes, conscientes de ello la mayor parte del tiempo. Los tienen automatizados, posee un hábito que ha aprendido de pensar en negativo y a todo le pone pegas, nada le sale bien, en todo ve dificultad y peligro y nada es sencillo. Y si en algún momento ese peligro, dificultad o contratiempo no lo encuentra en el presente, siempre queda el futuro para sembrar ese miedo, angustia o desasosiego al que nos hemos habituado y sin el que parece que no sabemos vivir.


Los Autodiálogos existen y podemos ser conscientes de ellos, sabiendo así de que tipo son y que efecto tienen en nuestra emoción. Y si además descubrimos y aceptamos que son inadaptados, que no nos ayudan, que son negativos, exagerados y poco realistas, ya hemos logrado llevar a cabo la mitad del trabajo, ser conscientes de ellos, detectarlos y dejarlos al descubierto.

Ahora deberíamos intentar cambiarlos por otros que nos ayuden, nos den ánimo, otros que sean más adaptativos:

Utiliza Autoinstrucciones Positivas preparadas en un listado con anterioridad, autoinstrucciones más realistas y mas positivas, que aunque en principio son más artificiales, irán poco a poco automatizándose y anteponiéndose a los Autodiálogos negativos dando paso con tiempo y con constancia a otros nuevos más positivos, ese amigo que todos llevamos dentro pero que no siempre utilizamos.

¿Por qué somos capaces de consolar, dar consejo y ayudar en un mal momento de depresión a un amigo y sin embargo, somos incapaces de hacerlo con nosotros mismos? Ni siquiera lo intentamos, hay una total y absoluta inoperancia a la hora de tratar y hablar con nosotros mismos, a la hora de manejar nuestros Autodiálogos, nuestro mejor amigo.

martes, 13 de diciembre de 2011

SUPERVIVENCIA Y ADAPTACION



“En la lucha por la supervivencia, el más fuerte gana a expensas de sus rivales debido a que logra adaptarse mejor a su entorno. "
Charles Darwin


Los seres vivos y en especial los humanos, estamos sobretodo programados para sobrevivir. Hemos adaptado nuestro cuerpo al entorno, a las circunstancias y a las necesidades buscando la supervivencia. Todos sus sistemas tienen un único objetivo, en su mayor parte automático e inconsciente, que es poner a salvo la vida, e incluso por encima de ello asegurar la continuidad de la especie, y nos referimos a ese objetivo como instinto de supervivencia. La mayoría de esos mecanismos, al igual que el “iceberg“están escondidos pero se ponen en marcha cuando son necesarios.
Nuestro cuerpo, nuestro organismo está diseñado para luchar o huir de forma automática (Mecanismo de Ansiedad ) en situaciones de peligro inminente, para adaptarse a entornos y circunstancias adversas, para reaccionar ante enfermedades con elementos del propio organismo ( anticuerpos ), o para borrar de la memoria ciertos recuerdos dolorosos con el fin de salvaguardar nuestro equilibrio emocional.
Algunas personas han podido comprobar como después de pasar muchos años de su existencia dando “mala vida “ a su cuerpo ( noches de juerga, vida sedentaria, tabaco , alcohol, comidas basura, etc. ), un día deciden cambiar de hábitos y hacer deporte y su cuerpo reacciona al poco tiempo poniéndose en forma, mostrando todo su abanico de prestaciones siempre gratificantes ( a nivel físico y psíquico ) a pesar de ese periodo en que el cuidado de nuestro cuerpo y los hábitos saludables brillaban por su ausencia.
Todo ello como algo natural, de nuevo funciona la maquinaria justo para lo que se ha creado, para subsistir, supervivir y con calidad de vida, en definitiva para lo que ha sido diseñada.
Pero a la vez, también ha sabido mostrar su capacidad de adaptación en esos años en que se le ha exigido por encima de sus posibilidades, en que se ha ido contranatura, como en el ejemplo anterior.
En toda la historia, desde hace millones de años, desde que los seres vivos nos paseamos por la tierra y como máximo exponente el ser humano, en el hombre, han existido dos motores, dos instintos o programas informáticos que han dado lugar, guiado y propiciado la evolución: Instinto de Supervivencia y Capacidad de Adaptación y es obvio que el mejor equipado en esta carrera de la evolución ha sido el ser humano y por ello estamos en lo más alto de la pirámide.
Pero cuidado, que el mayor enemigo que el ser humano tiene en detrimento de estas dos ascentrales capacidades instintivas e innatas, es su dejadez, su constante acomodación a la vida cada vez más confortable, la huida y evitación continua del más mínimo sufrimiento, el ahogo insidioso por falta de su uso de todas esas armas propias de nuestro organismo de las cuales nos ha provisto la naturaleza.

viernes, 25 de noviembre de 2011

UNA FORMA ERRONEA DE INTERPRETAR LA VIDA



LA VIDA PARA LOS DESCONFIADOS Y TEMEROSOS, NO ES VIDA, SINO UNA MUERTE CONSTANTE.
A. GRAF


Es, quizás, muy pretenciosa ésta forma de encabezar una reflexión, pero no es nada más que eso, una reflexión. Últimamente vengo observando la tendencia a interpretar la vida, el futuro y, sobre todo, a las personas, en nuestras relaciones interpersonales, de forma muy recelosa, desconfiada y vigilante, hecho que nos aboca a una actitud de casi continua alerta y de alarma y que a su vez, nos hace adoptar una postura tensa y defensiva a la hora de hacer nuevas amistades.
Esta situación no es que sea de extrañar, pues es cada vez más usual y generalizada la existencia de un sentimiento de inseguridad que va calando cada vez más hondo en todos los ciudadanos.
Ese sentimiento y esa actitud, se sustenta gracias a creencias que poco a poco han ido arraigando cada vez más en la mente de todos nosotros, creencias en el sentido de: ya no es seguro salir a la calle, la gente va cada uno a lo suyo y no le importa el prójimo, si no tengo cuidado me harán daño, hoy en día no nos podemos fiar de nadie, si yo no cuido de mi, nadie lo hará… En definitiva la creencia general de que la vida es peligrosa, el futuro incierto y las personas perversas y sin escrúpulos.
A la vez, esta situación está degenerando en una actitud de, poco importa el futuro, debo de vivir el aquí y ahora, favoreciendo una postura de vida individualista en la que no nos podemos fiar de nadie, no debemos de dejar aflorar sentimientos de apego hacía nadie y tampoco está bien visto dejarnos llevar por sensiblerías, debemos ser duros y fríos.
Ello, que posiblemente sea acertado, hasta cierto punto, nos protege en una sociedad ciertamente bastante más agresiva que hace unos años, pero como siempre el peligro está en su exageración, en llevar esa postura a términos extremistas. Es cierto que hoy en día es preciso tomar ciertas precauciones, pero no es necesario estar en continua alerta y presionado por una inminente sensación de peligro.
Las personas que interpretan la vida de esta manera: viven aisladas, tratan a los demás con recelo, no logran intimar con nadie pues tantas precauciones y desconfianzas ahuyentan a todo aquel que se acerca, van perdiendo poco a poco sus habilidades sociales, se vuelven egoístas, su conversación se torna hosca, incómoda, seca y por momentos agresiva incorporando a ella continuamente elementos de desconfianza. Su actitud es siempre vigilante, atenta para no ser agredido o engañado, lo cual le lleva a un estado de continua activación. Su mente programada para defenderse en un entorno, aparentemente, tremendamente hostil, continuamente genera pensamientos de alerta que hacen que salte, una vez tras otra, nuestra alarma particular y que la amígdala cada vez más excitable provoque una fuerte emoción de ansiedad ante estímulos insignificantes, que terminará por entorpecernos e incapacitarnos para llevar una vida normal.
Esta persona verá enemigos en todas partes, interpretará gestos, palabras y hechos de forma errónea mediatizada por su obsesión, y cualquier noticia o suceso aislado que ocurra, servirá para confirmar y alimentar sus creencias, a la vez que se verá reforzado en su postura de vida y actitud ante los demás.
Al final, como suele pasar muy a menudo, cuando las personas se obsesionan en exceso por defenderse de algo, ese algo se suele volver en su contra. Somos seres inminentemente sociales y necesitamos de ese contacto, e incluso venimos dotados de un sentido de confianza hacía nuestros iguales que facilita el acercamiento, es verdad que hoy en día el entorno es más agresivo, pero pienso que sólo hacen falta unos ajustes que nos proporcione un buen equilibrio. Al contrario de la persona excesivamente recelosa y desconfiada que poco a poco se verá envuelto en una telaraña tejida por él mismo que lo bloqueará y maniatará haciendo que sus propias precauciones para preservar la vida, no les deje vivir y disfrutar de ella.

martes, 15 de noviembre de 2011

TOCA DAR LA CARA



Voy a dar la cara. Ya está bien. La verdad es que la foto de Alfred Hitchcock de perfil ha estado bien para una primera etapa de timidez en la cual el anonimato me parecía más seguro, etapa que ha durado más de dos años.
La verdad es que era una situación en la cual me sentía incomodo. Pues aunque es verdad que soy un poco tímido, también lo es, el que me gusta dar la cara y mirar a los ojos cuando hablo o me comunico con alguien. Y por otro lado, me gusta que me conozcan tal y como soy, porque no soy, ni pretendo ser una persona enrevesada y cambiante, a pesar de que soy Géminis, sino todo lo contrario, intento y alardeo de que la persona que me conoció hace diez años, pueda decir que sigo siendo la misma persona que era entonces.
Bueno, que os presento a tetealca y esta es su imagen, aunque lo cierto es que no suele usarse mucho la propia imagen entre los blogeros.

jueves, 3 de noviembre de 2011

CONSIDERACIONES SOBRE LA LECTURA



Cuando oigo que un hombre tiene el hábito de la lectura, estoy predispuesto a pensar bien de él.
NICOLAS DE AVELLANEDA




Que la lectura relaja, entretiene, que es una actividad agradable y como tal genera endorfinas, que enriquece nuestra cultura y amplía nuestros conocimientos, a la vez que despliega un abanico de temas disponibles para hablar y opinar, posibilita las relaciones interpersonales y la comunicación, además de ser un buen regalo que no pasa de moda, eso ya lo sabemos.
Todo esto está muy bien, pero que hacemos para que nuestros hijos lean, adquieran ese hábito saludable de leer. La realidad es que los niños y adolescentes no suelen tener entre sus actividades preferidas, la lectura. Quizás se requiera un sistema nervioso más maduro para apreciar los beneficios de la lectura.
Yo recuerdo que en esa etapa de mi vida no me gustaba nada leer. Era como si me pusieran una camisa de fuerza que me impidiera moverme libremente. Algo me bullía por dentro que no me dejaba concentrarme. Cualquier persona que manifestara que era capaz de leer más de una hora seguida me parecía extraterrestre y no podía entender lo de irse a una isla desierta y llevarse entre los tres objetos elegidos un libro. Para resumir, ni siquiera estudiaba por no leer. Es paradójico que ahora la lectura sea mi mayor afición y de los tres objetos a elegir para llevar a una isla desierta me sobren dos, sólo con el libro me sentiría feliz.
La lectura, como casi todo en la vida, es un hábito que se adquiere. Se puede aprender a disfrutar con la lectura, a amar la lectura. Pero para ello se debe antes propiciar el acto de leer, se debe impulsar y motivar al niño a que lea y sobre todo a que repita ese acto las veces que sean suficientes para que pueda comprobar por si mismo esos beneficios antes mencionados.
Los padres debemos empezar por dar ejemplo de ello. Porque el niño, no sólo por el hecho de recibir el mensaje, el consejo por parte de sus padres: - niño debes leer, que leer es muy bueno, adquieres vocabulario, cultura general y relaja -, va a ser suficiente para propiciar un cambio en su conducta. Aún reconociendo la evidencia de esas virtudes enumeradas por sus padres en sus consejos. Es más, aunque se lo repitiéramos constantemente, en la mayoría de los casos, no servirá de nada para cambiar la conducta y que leyese más.
“El conocimiento o la comprensión intelectual de una determinada situación o competencia, constituye un proceso umbral; necesario, tal vez, para el aprendizaje de una nueva conducta, pero insuficiente para propiciar un cambio duradero. El cambio profundo requiere la reestructuración de nuestros hábitos intelectuales, emocionales y de conducta más arraigados “.
Se debe observar y aprender, para más tarde practicar y practicar, a la vez que le reconocemos, a nivel cognitivo, sus valores. Y lo cierto es que los padres no solemos dar mucho ejemplo en eso de leer.
Es un hábito que se debe enseñar desde joven, pero a la vez debe ser incentivado y reforzado. No como antes, que lo normal es que fuera un acto injustamente asociado a una hostia. También es importante que el contenido siempre vaya en consonancia con la edad del niño y de sus gustos, no de los gustos de los padres.
Si esto no sucede así, también cabe la posibilidad de que más tarde, si tienes la suerte de que en unas vacaciones aburridas, un viaje o una enfermedad, te regalen un buen libro, puede ser que sea suficiente para engancharte. Pues eso sí, la lectura es un vicio altamente adictivo, por suerte.