
“EL AVE CANTA, AUNQUE LA RAMA CRUJA, PORQUE CONOCE LO QUE SON SUS ALAS”
José Santos Chocano
José Santos Chocano
Cuando la seguridad se quiebra, primero cruje, que es como un aviso, un aviso que sobreviene como un escalofrío que inunda todo el cuerpo. Luego sigue crujiendo, hasta que por fin se quiebra y cae, no sabemos a donde pero sentimos el vértigo de la caída, cayendo a la vez todas nuestras defensas, dejando nuestra alma desnuda, indefensa y tiritando.
Entonces todo se torna difícil, con una dificultad profunda, más propia de nuestra sin razón que de la realidad, pues esa realidad pierde toda su objetividad para convertirse en una realidad paranoica, ingrata y saboteadora de nuestra propia personalidad.
Cuando la seguridad se quiebra, nos invade la duda, la duda nos corroe. Nuestra capacidad de juicio se encasquilla dejando nuestra vida huérfana de decisiones, a merced de la incertidumbre, cualquier decisión nos supera, por exigua e insignificante que sea, todo se torna inseguro, la palabra, el paso y hasta la mirada y por supuesto, la vida se va endenteciendo poco a poco hasta pararse, trabada e inmovilizada por las cadenas de la indecisión y la falta de iniciativa.
Cuando la seguridad se quiebra, no hay otro camino que confiar en nosotros mismos y en los que nos rodea, los que nos quieren, coger las riendas de nuestra mente y someterla al más estricto realismo basado en experiencias pasadas que reflejan una personalidad e imagen más acorde con la realidad, romper con la subjetividad negativa y cruel que nos invade y enfrentar el futuro con decisión, si no, con seguridad, que esta ya volverá poco a poco si no la retroalimentamos con nuestra indefensión.
Entonces todo se torna difícil, con una dificultad profunda, más propia de nuestra sin razón que de la realidad, pues esa realidad pierde toda su objetividad para convertirse en una realidad paranoica, ingrata y saboteadora de nuestra propia personalidad.
Cuando la seguridad se quiebra, nos invade la duda, la duda nos corroe. Nuestra capacidad de juicio se encasquilla dejando nuestra vida huérfana de decisiones, a merced de la incertidumbre, cualquier decisión nos supera, por exigua e insignificante que sea, todo se torna inseguro, la palabra, el paso y hasta la mirada y por supuesto, la vida se va endenteciendo poco a poco hasta pararse, trabada e inmovilizada por las cadenas de la indecisión y la falta de iniciativa.
Cuando la seguridad se quiebra, no hay otro camino que confiar en nosotros mismos y en los que nos rodea, los que nos quieren, coger las riendas de nuestra mente y someterla al más estricto realismo basado en experiencias pasadas que reflejan una personalidad e imagen más acorde con la realidad, romper con la subjetividad negativa y cruel que nos invade y enfrentar el futuro con decisión, si no, con seguridad, que esta ya volverá poco a poco si no la retroalimentamos con nuestra indefensión.





