martes, 11 de octubre de 2011

PURA IMAGINACION



Cuando miro concentrado los contornos de las nubes, las copas de los árboles, el perfil de las montañas, e incluso otros no tan nobles y poéticos, como las manchas en cualquier tipo de superficie, los posos del café en las paredes de vaso, la mancha dejada por la humedad en la pared cuando hay un recale, las formas en el terrazo en el suelo del cuarto de baño. No puedo evitar que mi mente juegue con ello formando espectrales caras, grandes pájaros y otros animales casi mitológicos.

Estas fantasías de mi mente me parecen de una realidad ilusionante. Por un momento esa imagen es clara, para después cambiar a otra que pronto adquiere la misma veracidad que la anterior.

Son efímeras, pues nunca sabes el tiempo que durarán en tu mente. Igual que vienen, se van y dejan paso a otra idea, a otra forma que la mente elabora y proyecta sobre ese original lienzo que inspira a nuestra imaginación.

Sean fantasmas mentales, espectros cognitivos, percepciones visuales, apariciones espirituales o duendes cerebrales, sean lo que sean, seguro que tienen mucho que ver con nuestras vivencias, nuestros sueños o nuestros propios miedos, pero son parte de nosotros mismos y en ese momento son únicas e incomparables, la lástima es que no podamos imprimirlas y dejar constancia de ese instante mental.

lunes, 25 de julio de 2011

A TRAVÉS DE MI VENTANA



Desde mi ventana puedo ver mi mundo, a veces concreto, a veces abstracto. Puedo ver escenas que van pasando, escenas que a veces comprendo y a veces, simplemente, acepto.
Desde mi ventana a veces la vida transcurre lenta y otras veces vertiginosa, en ocasiones me hace sufrir como nunca he sufrido y en otras me colma de felicidad, hay momentos en que se llena de colorido, mientras que en otros se torna oscura.
Quisiera poder controlar las sensaciones que me llegan a través de mi ventana, quisiera poder gestionar su contenido, enriquecerme con aquellas que iluminan mi consciencia y reducir aquellas que empobrecen mi alma.
Todo pasa a través de mi ventana para convertirse, de una vez, en razón o sin razón, todo se licua y se disuelve formando el néctar divino del entendimiento, un néctar que después paladeamos largamente como paladeamos la vida.
Mi ventana muestra orgullosa su gran virtud, su subjetividad, aquella que por encima de todo le hace ser única en el mundo, irremplazable e irrepetible.
A veces el mundo a través de ella se ve con claridad y fluyen las ideas y decisiones. A veces el cristal de mi ventana se empaña embotando nuestros sentidos y envolviéndonos en un mundo nebuloso y espeso. Y en ocasiones mi ventana se cierra por completo produciendo una total opacidad del entendimiento.

miércoles, 13 de julio de 2011

DONDE LOS SUEÑOS SE ESCONDEN



En el lugar donde los sueños se esconden, no hay edad, ni condición social, ni estatus económico, ni raza, ni razón. Es un lugar recóndito, inexplorado y fantástico, donde reinan las emociones verdaderas, donde la verdad no existe, donde se confunde la realidad. Es allí donde nuestros miedos toman rienda suelta, donde nuestros anhelos y deseos se realizan sin pudor y donde nuestra alma se alimenta de pureza.
Al lugar donde se esconden los sueños, nadie ha logrado llegar, aunque así lo crean, pero muchas consciencias se han roto intentando llegar, se han perdido por el camino y continúan vagando por sus inmensos laberintos de fantasías delirantes y alucinaciones.
Al lugar donde se esconden los sueños quiero llegar, descubrir sus secretos y volver para poder contar lo vivido, para después retornar y morir.

lunes, 4 de julio de 2011

LA VIDA ES PARA QUERERLA



No quisiera querer no queriendo,

no queriendo querer seguir viviendo,

pues la vida merece quererla,

queriendo vivirla como quisiera.

Si tuviera que volver a querer,

querría una vez más la vida,

pues la vida si la vives queriendo,

puedes disfrutar queriendo vivirla.

lunes, 1 de febrero de 2010

CAPACIDAD DE DISFRUTAR


La vida tiene momentos malos y momentos buenos y así debe de ser, pienso yo, porque creo que aunque se pase mal, también se aprende de los momentos malos, entre otras cosas se aprende, que no es poco, a valorar esos momentos buenos que la vida nos concede.
Sin embargo, como es normal, a nadie le apetece pasar por esos momentos malos y cuando por cualquier circunstancia hay que pasar por ellos, pues se suelen vivir con mucha angustia y displacer, dependiendo, claro está, de las diferencias individuales, o sea, dependiendo de cada persona, de su forma o habilidad para enfrentar los problemas.
Hay personas que ante los problemas y contratiempos, se vienen abajo, se hunden y entran en una espiral negativa que hace que todo pierda su valor, que nada interese. Todo aquello que antes nos gustaba y nos hacía disfrutar, ahora pierde de pronto esa capacidad y todo se torna tedioso, nada es capaz de despertar nuestra curiosidad e interés y si en algún momento y si esporádicamente llegamos a disfrutar de ello, la falta de voluntad acaba con tal iniciativa.
De los momentos buenos, no hay ni que hablar, todo el mundo sabe encajarlos, excepto algunas personas agoreras y mal pensadas que no disfrutan de ellos pensando que el que las cosas vayan bien es señal de que pronto cambiarán para ir mal, o sea, como si de un calendario maldito se tratara que de alguna manera controlase el que a un momento bueno siguiera uno malo y viceversa y así en delante de forma inexorable y mecánica.
Pero lo normal y lógico es que los momentos buenos que la vida nos depara los encajemos bien y no pensemos en lo malo que ha de venir.
En esos momentos buenos, parece que todo tiene un sentido, que no es otro que el que nosotros los disfrutemos, nuestro ánimo es expansivo y disfrutamos el momento presente sin pensar en penas futuras. Se nos hace difícil pensar en negativo y si nos obligáramos a hacerlo, rápidamente surgirían en la mente cantidad de argumentos y razones que echarían por tierra esos pensamientos negativos. El mundo parece de otro color, más brillante, más luminoso, todo se ve con más claridad y todo nos interesa, o por lo menos, todo aquello que siempre nos ha interesado, y gozamos de la voluntad necesaria para llevarlo a cabo.
Y cual es la diferencia entre una situación y otra?, entre un estado de ánimo y otro, entre la luz y la oscuridad. Pues la diferencia es la capacidad de disfrutar de la vida, que significa la capacidad de disfrutar de pequeñas cosas, pequeñas pero importantes como el despertar por la mañana y ver la cara somnolienta de tu hijo, disfrutar de un día nublado igual que de un día de sol, el olor a café por la mañana, a ozono cuando llueve, disfrutar de un plato de lentejas, o de tu trabajo, también de los momentos de ocio, de mirar al cielo y ver las estrellas, de andar por el campo y hasta tener la capacidad de disfrutar de comerte una pizza, ponerte un supositorio, reír por nada, llorar por algo, ponerte el pijama o sentarte en el suelo. Grandes cosas, pero también pequeñas cosas, actos insignificantes pero que mantienen viva esa actitud de disfrutar de la vida y en esa empresa o finalidad cualquier acto es importante, porque precisamente esa falta de capacidad de disfrute de esas cosas de la vida es lo que nos aboca a ese pozo de desinterés y desánimo que al principio hemos comentado, y por el contrario, el esforzarnos en mantener viva esa capacidad de disfrute, nos lleva directamente al estado de ánimo contrario que es nuestra propia felicidad.

lunes, 25 de enero de 2010

LA SOMBRA


Cuando llamo a esa puerta me abre una sombra, la sombra se inclina y yo la saludo,
Me doy media vuelta y huyo, ella me llama y siento su aliento,
Yo sigo adelante sin volver la vista atrás, ella se enfada y grita de rabia,
Yo me tapo los oídos y miro al frente, la sombra impotente suplica y llora,
En cambio yo río pero río de pena, por no poder mirarla a la cara y quedarme con ella,
Ella cierra la puerta y tras ella se queda, se queda sola y triste pero serena,
Yo sigo mi camino, la vida me llama, la vida me espera,
La sombra queda allí encerrada, pero atenta al camino,
para derramar sus penas sobre el próximo peregrino.

lunes, 18 de enero de 2010

CONTROL CONTROLADO


Hay muchas formas de control o muchas maneras de poner en práctica el control. Una de ellas es el controlar o tener bajo control todas las tareas u operaciones de nuestro trabajo, nada se nos escapa, todo está bien atado y funciona como un reloj. De igual manera tenemos bajo control a todos los empleados a nuestro cargo, claro está, sólo en lo que se refiere a cuestiones laborales. Este control nos hace ser más eficaces en nuestro trabajo y desarrollar mucho más, controlando de forma inteligente el tiempo que empleamos y dejando tiempo para otras aficiones necesarias también para nuestro correcto funcionamiento y salud mental. Este tipo de control de que hablamos, requiere como es natural, una buena dosis de activación y alerta por parte de nuestro sistema nervioso, a la vez de atención y concentración, pero una vez terminada la jornada laboral decae y deja paso a la relajación.
Hay otro tipo de control que es casi automático e inconsciente y es más producto de un hábito o de la fuerza de la costumbre que de un esfuerzo intelectual. Son conexiones neuronales que de tanto ser repetidas sus mensajes son totalmente sugerentes. Este tipo de control es cotidiano, de andar por casa. Es ese que hace que incluso sentado en el sillón de tu casa y medio durmiendo seas capaz de controlar quien entra o quien sale por la forma de golpear la puerta. O quien va o quien viene por el sonido de sus pasos. Quien llama al timbre por su forma de hacerlo. Que hacen y quienes hay en cualquiera de las habitaciones, por los ruidos que provienen de ellas. Y hasta quien hace pipí, por la forma de subir la tapadera del wc y el ruido que hace el chorro, más intenso o menos, más o menos fuerte, más o menos largo, etc.
Este es un control totalmente relajado para el que no hace falta activación alguna, porque se trata de ir detectando señales muy familiares e irlas traduciendo en imágenes también familiares. No nos proporciona intranquilidad, sino más bien todo lo contrario pues es señal de que todo está en su sitio, todo continua igual y ello siempre es signo de seguridad, de hecho podemos quedarnos dormidos en compañía de todos estos sonidos cotidianos y hasta se podría decir que ayudan o facilitan el sueño.
Por último y entre otros, hay un tipo de control con el que si hay que llevarse cuidado y es aquel que quiere controlarlo todo y en todo momento, el control total, el control enfermizo que comporta el deseo de controlarlo todo, en casa y fuera de ella, en momentos de ocio y en el trabajo, en días laborables o en vacaciones.
En todo momento se necesita que todo esté bajo control, pues de no ser así nos sentimos ansiosos, inseguros, con la continua sensación de que algo malo sucederá, de que algo no saldrá bien y claro, este malestar no tiene fin, es un sin vivir, pues es imposible tenerlo todo controlado, por mucho esfuerzo que empleemos en ello nunca llegaremos a estar conformes pues siempre hay algo que se nos escapa y ese algo nos crea un estado de ansiedad que nos hace la vida imposible. Existe a la vez de la necesidad de control una gran carga de perfeccionismo.
Este tipo de control exige mucha energía, siempre estamos en alerta, en estado de activación, no habiendo descanso en ningún momento. Los momentos de relajación brillan por su ausencia.