martes, 9 de julio de 2013

INDEFENSIÓN



                                                                         






Ahora dejadme solo.
Ya me habéis convencido, salid de mi cabeza. No sé si lleváis razón o no, no sé si exageráis.
 Todo está decidido. Sólo quiero quedarme a solas un momento para volarme los sesos.

jueves, 20 de junio de 2013

LA TRAMPA DEL ESTADO DEL BIENESTAR





                                                       




“Antes la gente se reunía en las plazas, ahora las hemos cambiado por rotondas”

No me malinterpretéis, nada más lejos de mi realidad que el querer renegar de los adelantos que la sociedad ha ido consiguiendo a lo largo de la historia, pues entre otras cosas soy un apasionado consumidor de todos ellos. Es sólo   que pienso que paralelamente también tendríamos que habernos esforzado en conservar algunas costumbres ancestrales que de una forma o de otra han destacado por su gran valor adaptativo y facilitador del desarrollo del ser humano como ser eminentemente social.

Como digo, estas viejas costumbres a que me refiero, son costumbres que han posibilitado el desarrollo de la comunicación y por ende de la cultura, la empatía, el compañerismo, el contacto físico, el valioso apoyo emocional cuando este era necesario y otro sin fin de apoyos entre amigos, familiares, vecinos, etc.

Es sabido, el gran avance que supuso en general el descubrimiento del fuego, a parte de por el cambio dietético que supuso al poder cocinar la carne, con la aportación de proteínas que propicio el crecimiento rapidísimo del cerebro, pero también  por lo que significó a nivel de relaciones sociales, las personas se juntaban alrededor del fuego para compartir largos periodos de su vida, celebraciones, juegos, reuniones importantes y otros, comenzando a tejerse una incipiente, pero prometedora red social.

Más tarde, por nombrar algunas, de siempre las tertulias de vecinos, cuando el tiempo lo permitía, se han celebrado en la calle, punto de encuentro donde cada cual se sacaba su silla y se compartían chismes, recetas de cocina, novedades del pueblo y avances sobre el clima y la cosecha.

O, cuando en la calle sólo había una televisión y esta se acercaba a la ventana para que los demás vecinos acudieran, nuevamente con sus respectivas sillas, para disfrutar del nuevo invento.

Las fiestas, bailes y eventos se celebraban en las plazas, calles, ahora, en cambio, en macro discotecas cada vez más sumergidas en el subsuelo y música a punto de reventar los tímpanos que hace imposible la comunicación verbal.

Todas ellas eran costumbres que proponían el acercamiento, el compartir y el relacionarse por encima de todo.

Los niños jugaban en la calle y los juegos era impensable el poder jugarlos en solitario, sino que en todos había un denominador común, era necesaria la reunión de varios niños y no sólo era necesaria la participación activa a nivel físico, sino también a nivel oral y comunicativo.

Ahora los niños juegan solos y sin moverse de su propia habitación con la videoconsola playStation, Wii o Xbos… no necesitan reunirse físicamente para jugar, ni siquiera para comunicarse, pues pueden hacerlo Online por medio del móvil o del ordenador, gracias  al twitter, facebook o whatsApp, no hace falta mirarse a los ojos, reforzar lo dicho con el gesto o con una palmada cariñosa en la espalda, se ha deshumanizado el dialogo y la comunicación.

Antes la gente se reunía en las plazas, ahora las hemos cambiado por rotondas.

Todo está perdiendo identidad, nada es autentico, todo pierde su esencia y su verdadero significado, las cosas importantes ya no interesan todo es pasajero, rápido y sustituible. Hay una crisis total de identidad, costumbres que siempre han significado y han proporcionado identidad y sentido a la existencia en común, ahora ya no importan, desaparecen, se olvidan y sus efectos beneficiosos y adaptativos para la humanidad nadie parece echarlos de menos, estaban ahí por algo, que ahora ya ni siquiera se sabe porqué, sólo se pueden ver y sentir sus dañinas consecuencias, aislamiento, incomunicación, falta de empatía, retraimiento y algo tan negativo para las relaciones humanas como es la falta de habilidades sociales que como la palabra dice es una habilidad que se adquiere, pero sólo si se interactúa.

Hemos llevado el concepto de intimidad a sus últimas consecuencias, todo lo podemos hacer en la intimidad, a solas, sin necesidad de relacionarnos directamente con nadie, quizás haya a quien le interese.

No necesitamos a los demás para nada, todo podemos hacerlo en la más absoluta soledad, podemos jugar, divertirnos, competir, relacionarnos, comprar, vender, oír música, ver cine o teatro, hacer amigos o buscar pareja, todo sin salir de nuestra propia habitación. Ese es todo el horizonte de muchas personas hoy en día.

martes, 4 de junio de 2013

CARCAJADAS



                                                           



Precisamente después de un ataque de risa de esos que duran media hora y que sólo ver al otro reírse hace que la risa continúe, como por contagio. 
Como digo después, una vez recuperamos el control, Valentín se puso muy serio y me dijo: Roberto, sabes, me gustan las carcajadas, esas carcajadas desgarradoras, esas que duelen. Y a veces pienso que me gustaría ser una carcajada, poder vender carcajadas o guardarme unas carcajadas para otro momento. También me gustaría soñar con carcajadas y nunca he soñado con ellas. Me gusta mearme encima a carcajadas y no me fío de quien no se haya meado nunca  encima en su vida a carcajadas. Tampoco me fío de algunas carcajadas, y sé, sin saber porqué, si la carcajada es sincera. Pero Roberto,  por norma, me cae bien la gente que se ríe a carcajadas y me ha gustado el ataque de risa de antes, me gustan los ataques de risa, ataques de risa a traición, que te hagan llorar.

viernes, 17 de mayo de 2013

SORPRESA FATAL



                                               



- ¿De verdad crees que me asustas?

- ¿Piensas que mi rictus tenso y  ligeramente desencajado, mi forma de sudar profusamente, el temblor de mis manos y de mis piernas y mi respiración jadeante, indican miedo?

Pues te equivocas, como bien muestran mis manos ensangrentadas.
 
También pueden indicar IRA.

martes, 30 de abril de 2013

EL ESPIRITU DEL RIO




                       
 

Me gustaría comparar
Mis sueños con los de los demás.
Me gustaría comparar
Para saber si soy preciso al recordar.
Me gustaría comparar
Tan solo por experimentar 
Que se siente al soñar
Todos juntos a la par.

Recuerdo recordado, recuerdos del pasado
No sé si es bueno o es malo, no sé si me interesa
Solo sé que de vez en cuando me siento emocionado
Entonces me elevo al cielo y vuelvo la vista ociosa.    

Que puede haber de malo en soñar
Si la mente que es cabal y poderosa
A lo largo de la vida de vez en cuando con ello reposa
Y hasta incomoda el despertar

Me envuelven recuerdos y sueños
Sueño con  entrañables  recuerdos del pasado
Que más da, con unos y otros  yo me empeño
En no dejar escapar  lo transitado

Y casi sin darme cuenta de mi estado de consciencia
Me invade en este preciso momento su espesa bruma
Y me planteo exponer sin abusar de la paciencia
Un  recuerdo,  un sentimiento, una época esquiva.



   Hubo una época en que los niños a los 13 0 14 años todavía jugaban en la calle, en que se inventaban juegos, en que los juegos tenían vida propia, en que la vida era un juego. Y no era extraño que las aulas y el juego se confundieran en un mismo lugar, que entre el juego y el aula solo hubiera una valla.




   
Claro, que ésta estratégica situación propiciaba otra  más extraña, como es, que desde la ventana del aula el profesor pusiera fin a la diversión proclamando a gritos el inicio de la clase.
  
   Hubo una época en que existía un rió, un instituto al lado del río,  una perfecta comunión entre profesores y alumnos, y un juego. Y a éste se jugaba compitiendo, compartiendo, rozándose, agarrándose, sobre todo agarrándose.

   Y consistía en perpetuar uno de esos esparcimientos de niños, en insistir en seguir jugando a los 13 ó 14 años a lo de siempre, a lo que tan buenos ratos nos había proporcionado anteriormente en la calles del barrio. En seguir abrazándonos nostálgicamente a un “pillao” que no queríamos perder, a una niñez que no queríamos que se fuera.

   Y en esa época ese milagro se podía conseguir, sólo hacía falta imaginación, y de eso sobraba. Hoy en día todo va muy deprisa.

  El juego era el pillao, el lugar el río, y éste consistía en situarse a un lado del margen del río, el que debía pillar, y al otro lado todos los demás, y el juego comenzaba. Ya no había tregua, ni piedad, pero sí mucha educación y compañerismo.

   Y eso, que dicha diversión no estaba exenta de peligro, pues cuando el que debía pillar saltaba hacía el margen donde estaban los demás para pillarles, todos en bandada saltaban hacía el otro lado huyendo despavoridos. Cada cual por donde bien podía y como podía. Unos detrás de otros, e incluso encima de los otros. Los más rápidos, por los sitios más estrechos, más lamidos por el continuo saltar de un día tras otro, o sea más cómodo y más seguro. Otros por donde les dejaban.

   De esta forma el ir y venir de un lado a otro, huyendo del que debía pillarnos, cada vez se tornaba más vertiginoso y caótico,  lo cual provocaba que tarde o temprano alguien resbalara, tropezara con el ribazo o con otro compañero, o simplemente midiera mal la distancia y cayera al agua.

   Pero lo que solía suceder a menudo, es que el objeto del juego, que no era otro que pillar, agarrar a alguien para que ocupara tu lugar, sucedía en el peor sitio y momento, o sea, cuando estabas a medio saltar, en el aire, y abajo el río, el agua, con el consiguiente baño desde la cintura hasta los píes, ropas chorreando y una espesa sensación de amenaza al llegar a casa.

   Eso si, antes he comentado que sobre todo imperaba la educación y el compañerismo, y así era, os lo puedo asegurar.

   Si alguien caía al agua, si alguno metía un píe, los dos píes, o hasta la cintura, todos se paraban un momento, se producía un contenido silencio y como un entrañable ritual, alguien preguntaba muy serio “¿Podemos reírnos?”, y en una exhibición de autocontrol, el que había caído en desgracia, contestaba: “si, podéis reíros”  y a partir de ese momento había revolcones, mandíbulas desencajadas y dolor de barriga producidos por la risa, mientras el caído escurría sus zapatillas, calcetines y bajos del pantalón.

   Otras veces la caída era de mayor calado, y nunca mejor dicho, y había que escurrir, además de lo anterior, el pantalón completo, los calzoncillos y parte del jersey, y entonces, en ese caso, la actitud de todo el grupo era unánime e indiscutible,  todos se ponían manos a la obra porque el objetivo principal era procurarse de lo necesario para hacer una hoguera donde poder secar la ropa y a la vez calentarse, intentando evitar así un altercado mayor al llegar a casa. Como esto a veces era difícil, sobretodo por las inclemencias del tiempo de entonces, en esos casos siempre se podía conseguir un aula y un par de estufas para secar las distintas piezas de ropa, que se ponían encima de mesas y sillas frente a la estufa, y todo ello, a veces con la complicidad de profesores y conserje.

   Hubo una época en que los padres veían atónitos, sin entender nada, como sus hijos entraban en casa, y en algunas ocasiones hasta por dos veces seguidas, medio día y tarde, con los zapatos y los bajos del pantalón mojados y nunca supieron porqué.

   Pero ninguno vio a su hijo con el pantalón completo mojado y mitad del jersey, porque para eso existía el “Espíritu del río” y la hoguera.

   Es más, algunos padres se mostraban sorprendidos por lo cuidadosos que eran sus hijos con la ropa, parecía que los pantalones eran nuevos. Y así era, eran totalmente nuevos, pues la hoguera a menudo tiraba de más, entonces había derrama para comprar unos nuevos.

  Hubo una época en que había un río, hoy se lo ha comido el cemento. También  un instituto, hoy hay tres. Y hubo una época en que existían unos críos que jugaban en la calle y que hoy a su manera siguen jugando, pues tienen un recuerdo muy vivo y un espíritu  que a veces aviva ese recuerdo, que es el “Espíritu del río”.

   Un abrazo a todo ese grupo de críos, y una pregunta: ¿Podemos reírnos?

martes, 26 de marzo de 2013

EN BUSCA DE UNA BUENA INTEGRACIÓN









“No hay una lucha más ardua y desesperada que mi plena integración, inducida por tu apatía, desidia o dejadez”


Es lo que más deseamos y por lo que algunos trabajamos día a día, integración plena, a nivel personal, social y laboral. Nuestro objetivo es que ese niño llegue a ser un adulto bien adaptado, de acuerdo a sus posibilidades de entrenamiento y aprendizaje y para ello debemos de desarrollar su Capacidad de adaptación.
Hay dos conceptos para mí fundamentales para trabajar en este sector de la discapacidad intelectual, los cuales son imprescindibles para lograr la integración, estos son la Inteligencia Emocional y la Capacidad de Adaptación.
      La  adaptación, porque integración y adaptación son dos palabras que van muy     unidas, incluso se complementan la una a la otra.
                 
                “Una persona llega a integrarse como consecuencia
                 de la adaptación, pero a su vez para poder adaptarse,
                 primero se debe integrar, unir a otros.”

El otro concepto, que para mí fue tremendamente esperanzador, es el término de Inteligencia emocional, término que ha desbancado a la tradicional forma de entender la inteligencia.
      La  Inteligencia Emocional, es un conjunto de habilidades, que como cualquier otra
      Habilidad se aprende.       
Esperanzador, se puede aprender. Como en otros casos de conductas inadaptadas, miedos aprendidos, respuestas aprendidas, costumbres, etc. que igualmente se pueden desaprender o eliminar y por el contrario, aprender otras conductas más adaptativas y enriquecedoras. El antiguo concepto (C I) ó Coeficiente intelectual, podría decirse que cerraba todas las puertas del éxito a la persona discapacitada intelectual, simplemente lo excluía, sin darle ni una sola oportunidad. Esa persona no tenía posibilidades de desarrollarse personal, social, ni laboralmente.
     
Sin embargo, éste nuevo concepto, que insisto, se puede aprender y desarrollar, vuelve a abrirle esas puertas de par en par. Todos conocemos del entusiasmo, de la perseverancia, de la capacidad de auto motivación, de la empatía, del altruismo, y en definitiva de su buen carácter en lo que se refiere a ausencia de emociones negativas, como la ira, venganza, envidia, etc. y es fácil reconocer en ellos, la humildad, la felicidad, bondad, la lealtad y muchas otras que les hace que sean personas superdotadas emocionalmente, mientras es común observar a otras personas, que se suponen inteligentes, bien situadas, con un gran currículo, cultas, ser incapaces de relacionarse o de controlarse en determinadas situaciones, o de mantener un equilibrio emocional medianamente estable, estos  son  claramente discapacitados emocionales, que a pesar de toda su inteligencia fracasan en la vida y no llegan a conseguir  ser felices.

¿Quien de nosotros, privilegiados trabajadores de éste sector, no conoce usuarios de nuestras asociaciones más inteligentes emocionalmente que nosotros mismos?
            



 “Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo.
                    Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado
               exacto, en el momento oportuno, con el propósitojusto
                   y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan 
                     sencillo. “          Aristóteles.

Sinceramente creo que eso que dice Aristóteles es lo que debemos esforzarnos en enseñar en  nuestros centros, “hacer lo adecuado en el momento adecuado” y ese es un trabajo de campo, complicado de enseñar en las aulas o talleres, el escenario debe ser fuera.
Es un trabajo, también, que debe ser personalizado, adaptado al nivel de cada persona, mientras que a uno está orientado a tomarse un batido o una cerveza sin alcohol reposadamente, sin prisas, en la barra de un Púb., a otro, consiste en dar un beso adecuadamente, cuando la ocasión lo exige, no indiscriminadamente, sino de soslayo, no de frente como una lapa. Esto no es coartar su desmedida capacidad afectiva, sino controlarla y dosificarla, comer la cantidad adecuada y a un ritmo adecuado, hacerlo correctamente, corregir y evitar conductas infantiles, vestir correctamente y mantener una higiene adecuada.
Esto, en realidad no es tan difícil y si es muy práctico y adaptativo.
Siempre los buenos hábitos y los buenos modales van unidos a una mayor adaptación.
Este objetivo es totalmente imprescindible que arranque y continúe apoyando la labor de los profesionales desde la casa, que en el mayor de los casos es el foco de estas conductas inadaptadas por una educación excesivamente protectora mal entendida. Por esto y como en todas las actuaciones en este sector, aunque muchas veces se nos olvida, el tratamiento debe abarcar a toda la familia.         

jueves, 21 de febrero de 2013

ESA OTRA VOZ




                                                           

A veces a solas resuena mi voz, unas veces limpia, otras veces ronca, dura e inflexible. Es una conversación en una sola dirección, sin respuestas y hasta sin sentido. En ocasiones perversa y casi siempre, despiadada y traicionera.
Voz que resuena en mis adentros con una cadencia pertinaz, como un eco triste y desmoralizador.
A veces imploro una mente muda, capaz de callar cuando estoy a solas, desnudo y desesperado, que tenga piedad y respete mis silencios, mis momentos de duda, mi ánimo herido.
Oigo mi voz pero no la reconozco, no comprendo su ataque feroz. Me duele su ingratitud, su forma descarnada de inmolarse, de revolverse contra si misma infectando aquellas heridas que de por sí ya duelen y en esos momentos en que más indefenso estas, momentos en que tu cuerpo cruza el desierto y tu mente queda despoblada, excepto de tu voz.