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jueves, 29 de agosto de 2013

AURORA



                          



 "A veces hay que mirar de cara a la luna e igualmente al sol aunque te abrase"




                                           


                                OCASO


A veces la vida no revela ningún sentido, mas bien parece un sin sentido, los acontecimientos se suceden sin ton ni son, los días transcurren uno tras otro, el cielo siempre es azul y la noche oscura.
A veces cierro los ojos y me pregunto... ¿Por qué?
Porqué esta escena me parece incompleta, cual es mi papel, porqué esto me tiene que estar pasando a mí, que es lo que falla, que pieza falta en este puzzle, pero no consigo entenderlo.


                              AURORA

Cuando se produce el milagro de la noche, alzo la vista, abro mi mente y admiro expectante: la espectacular aparición del firmamento en toda su grandeza y esplendor, su imponente puesta en escena en su aparente armonía. Entonces la vida cobra sentido y valor, a la viveza del día le sigue la belleza oculta de la noche, a la impetuosa vitalidad del sol le sigue la misteriosa madurez de la luna. Ahora el escenario está completo.

                          REVELACIÓN

Entonces lo entiendo todo…. A veces mi mente no alcanza a ver la realidad, no admira la escena en su totalidad, sino que solamente ve una parte de ella, aquella parte que su estado emocional le deja ver, un todo incompleto y sesgado, una mirada de soslayo, tímida y parcial.
A veces hay que mirar de cara a la luna e igualmente al sol aunque te abrase.

jueves, 20 de junio de 2013

LA TRAMPA DEL ESTADO DEL BIENESTAR





                                                       




“Antes la gente se reunía en las plazas, ahora las hemos cambiado por rotondas”

No me malinterpretéis, nada más lejos de mi realidad que el querer renegar de los adelantos que la sociedad ha ido consiguiendo a lo largo de la historia, pues entre otras cosas soy un apasionado consumidor de todos ellos. Es sólo   que pienso que paralelamente también tendríamos que habernos esforzado en conservar algunas costumbres ancestrales que de una forma o de otra han destacado por su gran valor adaptativo y facilitador del desarrollo del ser humano como ser eminentemente social.

Como digo, estas viejas costumbres a que me refiero, son costumbres que han posibilitado el desarrollo de la comunicación y por ende de la cultura, la empatía, el compañerismo, el contacto físico, el valioso apoyo emocional cuando este era necesario y otro sin fin de apoyos entre amigos, familiares, vecinos, etc.

Es sabido, el gran avance que supuso en general el descubrimiento del fuego, a parte de por el cambio dietético que supuso al poder cocinar la carne, con la aportación de proteínas que propicio el crecimiento rapidísimo del cerebro, pero también  por lo que significó a nivel de relaciones sociales, las personas se juntaban alrededor del fuego para compartir largos periodos de su vida, celebraciones, juegos, reuniones importantes y otros, comenzando a tejerse una incipiente, pero prometedora red social.

Más tarde, por nombrar algunas, de siempre las tertulias de vecinos, cuando el tiempo lo permitía, se han celebrado en la calle, punto de encuentro donde cada cual se sacaba su silla y se compartían chismes, recetas de cocina, novedades del pueblo y avances sobre el clima y la cosecha.

O, cuando en la calle sólo había una televisión y esta se acercaba a la ventana para que los demás vecinos acudieran, nuevamente con sus respectivas sillas, para disfrutar del nuevo invento.

Las fiestas, bailes y eventos se celebraban en las plazas, calles, ahora, en cambio, en macro discotecas cada vez más sumergidas en el subsuelo y música a punto de reventar los tímpanos que hace imposible la comunicación verbal.

Todas ellas eran costumbres que proponían el acercamiento, el compartir y el relacionarse por encima de todo.

Los niños jugaban en la calle y los juegos era impensable el poder jugarlos en solitario, sino que en todos había un denominador común, era necesaria la reunión de varios niños y no sólo era necesaria la participación activa a nivel físico, sino también a nivel oral y comunicativo.

Ahora los niños juegan solos y sin moverse de su propia habitación con la videoconsola playStation, Wii o Xbos… no necesitan reunirse físicamente para jugar, ni siquiera para comunicarse, pues pueden hacerlo Online por medio del móvil o del ordenador, gracias  al twitter, facebook o whatsApp, no hace falta mirarse a los ojos, reforzar lo dicho con el gesto o con una palmada cariñosa en la espalda, se ha deshumanizado el dialogo y la comunicación.

Antes la gente se reunía en las plazas, ahora las hemos cambiado por rotondas.

Todo está perdiendo identidad, nada es autentico, todo pierde su esencia y su verdadero significado, las cosas importantes ya no interesan todo es pasajero, rápido y sustituible. Hay una crisis total de identidad, costumbres que siempre han significado y han proporcionado identidad y sentido a la existencia en común, ahora ya no importan, desaparecen, se olvidan y sus efectos beneficiosos y adaptativos para la humanidad nadie parece echarlos de menos, estaban ahí por algo, que ahora ya ni siquiera se sabe porqué, sólo se pueden ver y sentir sus dañinas consecuencias, aislamiento, incomunicación, falta de empatía, retraimiento y algo tan negativo para las relaciones humanas como es la falta de habilidades sociales que como la palabra dice es una habilidad que se adquiere, pero sólo si se interactúa.

Hemos llevado el concepto de intimidad a sus últimas consecuencias, todo lo podemos hacer en la intimidad, a solas, sin necesidad de relacionarnos directamente con nadie, quizás haya a quien le interese.

No necesitamos a los demás para nada, todo podemos hacerlo en la más absoluta soledad, podemos jugar, divertirnos, competir, relacionarnos, comprar, vender, oír música, ver cine o teatro, hacer amigos o buscar pareja, todo sin salir de nuestra propia habitación. Ese es todo el horizonte de muchas personas hoy en día.

martes, 5 de febrero de 2013

LA PERSONALIDAD






                                                      

El mayor error del mundo es pensar que nada podemos hacer, que todo está predeterminado. Genéticamente impuesto, que no tenemos posibilidad de cambiar, de mejorar. Lo que es lo mismo que pensar que no podemos hacer nada ante la “ etiqueta” de niño nervioso, inquieto, malo, hiperactivo, que últimamente tanto se utiliza camuflando otros problemas o trastornos de conducta provocados por la ausencia de unas normas o patrones de conducta adecuados y adaptativos. O pensar y empeñarnos en que cualquier trauma del pasado, además de habernos afectado directamente en el pasado, también tenga que condicionarnos el presente e hipotecarnos el futuro sin que  podamos hacer nada. Me parece totalmente injusto.
Igual de injusto que pensar que el concepto que tenemos de nuestra Personalidad vaya a ser constante, inamovible, como una losa para toda la vida.
Según afirma Daniel Goleman: “Hasta cierto punto, cada uno de nosotros posee un temperamento innato, se mueve dentro de un espectro concreto de emociones, una característica que forma parte del bagaje con el que nos ha dotado la lotería genética y cuyo peso se hace sentir a lo largo de la vida “.
Si, existe un temperamento innato y heredado que de alguna manera nos da una identidad propia a la vez que nos conecta con nuestras raíces, pero es el  espectro emocional básico para comenzar una larga andadura por la vida, cuyas experiencias irán verdaderamente conformando nuestra personalidad.
Parece como si la palabra personalidad pesara mucho, la respetáramos en exceso. Y caemos en el miedo al cambio, la dejadez, la inseguridad o la baja autoestima. Insistimos en no plantearnos o no sentirnos capaces de hacer frente a la realidad, a lo que está más claro que el agua. En definitiva a lo que sabemos desde siempre, pero nunca hemos querido aceptar y afrontar, nuestras debilidades o dudas sobre nuestra personalidad.
Y cegados por esa creencia e incapaces de admitir nuestra equivocación, seguimos pensando que no hay forma de cambiar nuestra manera de relacionarnos con los demás, de afrontar los problemas, de pensar de nosotros mismos. Eternizando de esta manera  un problema que tiene solución.

La personalidad se puede cambiar, es en realidad lo más maleable que existe, tanto como la propia estructura del cerebro, del cual depende. Y si las experiencias positivas o negativas han sido capaces a lo largo de la vida de moldearla en sus habilidades o defectos, con un entrenamiento y habilitación adecuados, porque no vamos a ser capaces de cambiar aquello que no nos gusta de nosotros, aquello que nos molesta y molesta a los demás, aquello que nos está impidiendo llevar una vida familiar, social o laboral correcta. En definitiva ser más felices y hacer más felices a los que nos rodean. Aunque para ello debemos primero saber en que queremos cambiar y sobretodo pensar y creer que es posible cambiar.  

jueves, 17 de enero de 2013

UNA EPOCA DIFICIL





Sentir dolor..... no es nada, es efímero y pasa. Ser dolor........ es infinitamente peor, pues se queda contigo.


                                                         
Es cierto que hay una época en que los niños son especialmente críticos, crueles y poco empáticos con sus iguales, o sea, con otros niños. Una primera, en que dicha crueldad es casi inconsciente, automática, ingenua y más producto del momento y la situación, y sobre todo,  más generalizada, en cuanto a las víctimas de dicha crueldad, menos focalizada en unas personas o niños en particular. Supongo que así es más llevadera.

Pero existe otra época a continuación, que podríamos determinar de los 10 a los 15 ó 16 años, en la que esa crueldad está ya mas influenciada por estereotipos culturales adquiridos en la televisión, sobretodo en lo que se refiere a pautas de hombre duro, frío y sin sentimientos, que se van incorporando gradualmente a nuestro repertorio  de conducta y que más tarde las ponemos a prueba y las exhibimos en la calle con nuestro grupo de amistades, cuando más espectadores hay, y con una víctima propiciatoria, que siempre existen en todos los grupos que se precien. Y ahora, la crueldad ya no es generalizada, ahora se centraliza en una o dos personas que sistemáticamente van siendo martirizadas, casi a diario, ante la mirada cómplice de unos y la sonrisa burlona de otros.

Existe una legión de personas en el mundo que han sido víctimas de la crueldad, la burla, el desaire, el desprecio y el rechazo, por parte de los que en esa época eran para él lo más importante de su vida, por encima de sus padres y familia, los amigos. Posiblemente el soporte más importante que pone las bases a una futura buena autoestima. Hay que tener en cuenta que la autoestima es como si dijéramos la consecuencia del autoconcepto, del concepto que tenemos de nosotros mismos y éste concepto de nosotros mismos se destila de la experiencia, de nuestras experiencias en las relaciones con los amigos, entre otras, y del concepto que creemos que los demás tienen de nosotros: si somos respetados, valorados, tenidos en cuenta, si cuenta nuestra opinión dentro del grupo, si somos escuchados, si se nos echa en falta o se nos ríen las gracias. Todo ello es muy importante a esa edad, más de lo que nos pensamos. Y eso es lo que le ha faltado a esa legión de personas huérfanas de amigos, de afecto y de comprensión, víctimas de esa crueldad temporal.
Pero lo que yo me pregunto, sobre todo, es,  qué es de ellos después, de los 18 años en adelante, de adultos. Que tipo de adultos son...
Pensemos sobre ello. Están los que al principio de la situación no pueden aguantarla y huyen, dan una conducta de evitación y se refugian en otras actividades, casi seguro que en solitario y de forma obsesiva, como queriendo refugiarse en esa actividad y olvidar.

También están los que a pesar de pasarlo mal, insisten una y otra vez, incapaces de coger el camino de la soledad, pues son personas muy sociables, quizás dependientes, pero no pueden darse en retirada, necesitan del grupo, de los amigos; estos, para él, son lo mas importante, algo a lo que no están dispuestos a renunciar y para ello aguantarán lo que sea necesario. Estos lo suelen pasar mal, esa etapa se convierte en un calvario plagado de rechazos, insultos, burlas, desprecios, golpes y bromas de mal gusto.  En definitiva lo que se podría llamar maltrato  físico y psicológico en toda regla.

Y de este segundo grupo, por fin, estarían los que esta situación sostenida, más tarde, le deja secuelas a  nivel psicológico que no llegan a superar, ni olvidar, condicionando toda su vida y marcando un antes y un después en sus relaciones sociales.
 Esos recuerdos y esas experiencias están siempre presentes, siempre son tenidas en cuenta e inundan su vida y sus relaciones sociales de miedo, de indefensión y de sensación de vulnerabilidad que es difícil de superar, creando en la mayoría de las veces una rabia contenida y un enfermizo deseo de venganza.

Pero hay otros que llegan a superarlo, que son los menos. Que aguantan estoicamente esa etapa, se lamen después las heridas durante un tiempo y vuelven como si nada hubiera pasado. Y si pensamos que la procesión va por dentro, sinceramente, muy buenos actores deben ser para disimularlo tan bien.

Más bien, pienso que es una virtud, una capacidad admirable para superar traumas, derivada sin duda de recursos cognitivos personales que filtran la experiencia quedándose con lo positivo y que caracterizan una forma de interpretar esa realidad de forma diferente a los otros, mucho más positiva y adaptativa, que continua, aún habiendo acabado la etapa de estrés, como método de curar y cerrar heridas emocionales.

Pues bien, a toda esa legión de tímidos, gordos,feos, empollones y maltratados en general, les animo a luchar por su sitio en el grupo, a no dar conductas de evitación que lo único que consiguen es mantener y eternizar el problema y si no hay otra opción, a lamerse las heridas para que cicatricen lo antes posible.
Y, en último caso, les recomiendo  acudir cuanto antes a un Psicólogo.


Y por ultimo, a los que han logrado sobrevivir y superarse, mi más sincera admiración y respeto.

viernes, 14 de diciembre de 2012

MIEDO A LA MUERTE



                                           

"Hay personas que de tanto preocuparse por la muerte y por esa vida después de ella, no disfrutan de su verdadera y única vida y hacen de ella un infierno"

Inmersos siempre en interrogatorios circulares que no le llevan a ningún lado, malgastan su vida. ¿Que me esperará después? ¿Porqué nacer para tener que morir? ¿No aguanto tener que dejar aquí a mis seres queridos? ¿Por qué la vida tiene que acabar? ¿Por qué tendremos que hacernos viejos? ¿Porqué la vida es tan corta?
A veces, en momentos de lucidez, son capaces de pensar que todas esas preocupaciones efectivamente son gratuitas y no le llevan a ninguna parte, pues solo es una preocupación anticipada, que al contrario de otras preocupaciones, cuando llegue ese momento tan temido, obviamente, ya no serán conscientes de todo aquello que ahora les preocupa, sino que en verdad los que sufrirán dicho acontecimiento serán sus seres queridos que sigan con vida.
Pero llegado ese momento de lucidez, éste será efímero, pues rápidamente le embargarán nuevas preocupaciones sobre la posibilidad de padecimiento, de sufrimiento antes de llegado el momento de morir, la enfermedad. Y nuevamente todo su organismo se convulsionará ante la gran injusticia de este nuevo hecho, y nuevamente comenzará el interrogatorio circular.
No se si es un miedo aprendido, y si las diferencias individuales se deben a los mensajes a los que hayamos estado sometidos a lo largo de la vida, o más bien es un  miedo atávico, heredado genéticamente en mayor o menor intensidad, o por el contrario es una mezcla de los dos. Lo que si es cierto es que en algunas personas es un miedo que les provoca una intensa angustia durante toda la vida, un miedo difícil de vencer con la razón y un miedo que es espoleado continuamente por diferentes estímulos, estímulos cotidianos que son muy difíciles de evitar como: ver como crecen nuestros hijos, la sirena de una ambulancia, contemplar viejas fotografías, la soledad, pasar junto al cementerio, los días tristes y grises de invierno, una conversación, un programa televisivo, y un largo etcétera.

martes, 20 de noviembre de 2012

NUEVAS ADICCIONES




                                                                      



Cualquier conducta que nos haga sentirnos bien, que nos proporcione placer, se puede convertir en potencialmente adictiva.
Igualmente, todas las conductas adictivas están controladas inicialmente por reforzadores positivos, o sea, el valor placentero que la conducta tiene en sí, pero terminan por ser controladas por reforzadores negativos, o sea, el alivio de la tensión emocional (Echeburúa, 1999; Marks, 1990).


 Últimamente nos enfrentamos a nuevas situaciones potencialmente adictivas, situaciones que ya invaden nuestra cultura por completo y cada vez su accesibilidad se generaliza entre edades más tempranas. Y la verdad es que no hacemos mucho caso de ellas, y la actitud y el tratamiento por parte de los padres ante ellas, no es ni mucho menos comparable al que se da en el caso de las adicciones químicas (cocaína, cannabis, anfetaminas, otras). Y no es que yo diga que hay que flojear o bajar la guardia con estas últimas por parte de los padres, ni mucho menos, sino que deberemos mostrarnos mucho más críticos con estas nuevas adicciones (compras, ejercicio físico, Videoconsola, móvil, Internet, trabajo, comida, sexo, entre otras). Entender que los sermones no hacen ningún efecto si no van acompañados de una conducta que sirva como ejemplo. Que bien puede ocurrir como con el alcohol, que por el hecho de estar tan arraigado en la cultura, no hemos sabido reaccionar a tiempo, ni dar ejemplo los adultos, y ahora nos encontramos con que el 95% de los niños, por no decir el todos, toman alcohol en mayor o menor medida o situación, y a edades tan tempranas que nos asustaríamos. Y  lo más deprimente, delante de sus padres, como algo normal.
Y esto es lo que de alguna forma está sucediendo con estas nuevas adicciones, se están normalizando y cada vez, hay que decirlo, acuden más a las consultas de psicología para su tratamiento por haber llegado, sin saber como, a una total pérdida de control sobre las mismas. Digo que esto mismo es lo que está sucediendo con estas nuevas adicciones porque poco a poco se están integrando en nuestra cultura, están arraigando en ella tan profundamente que llegamos a verlo como algo normal, perdiendo bastante la capacidad de discriminar entre el límite de lo que es una conducta normal y una adictiva y peligrosa.
A poco que pensemos sobre ello, nos daremos cuenta que estas nuevas adicciones son lobos vestidos de cordero, de ahí su peligro, pues ¿como podemos sospechar en un principio que el trabajo, el ejercicio físico, el sexo, las compras, Internet o el móvil puedan llegar a ser un problema?. Es más, su tratamiento necesita un enfoque diferente al de las drogas, pues mientras que en estas el objetivo es erradicar por completo el consumo, en estas nuevas, no nos podemos plantear ese objetivo, con el sexo, las compras, el ejercicio físico, e incluso el móvil o Internet, ni mucho menos con la comida y el trabajo.
Y sin embargo, estas nuevas adicciones son capaces de crearnos un problema personal, laboral, social y familiar. Es capaz de destrozar lentamente todas las áreas de nuestra vida, pues como cualquier otra adicción nos va robando cada vez más tiempo para nuestros quehaceres y obligaciones, cada vez nos exige más tiempo, cada vez nos envuelve más, nos hace perder el interés por todo lo demás y nos aboca a un total descontrol sobre esa actividad. Además de cambiar nuestro humor y nuestro carácter y separarnos cada vez más de nuestros amigos y seres queridos. Existe una verdadera dependencia de ello y como bien decía D. Enrique Echeburúa al principio, pasamos sin darnos a penas cuenta,  de hacer esa conducta porque nos gusta , porque disfrutamos con ella , porque nos causa placer, a llevarla a cabo para aliviar una tensión emocional producida ya por la dependencia, o sea a ser esclavos de ella.

jueves, 4 de octubre de 2012

CREMALLERAS





 "PARECE QUE NO ENTIENDEN, QUE CUANDO ME TAPAN LA BOCA SE ME DESPLIEGAN LAS ALAS"


Las cremalleras para cuestiones de vestuario. Un buen invento, sin duda, por su comodidad y simpleza, por su utilidad y por sus ventajas sobre otras opciones, que nadie se las niega.
Sin embargo, la cosa se complica cuando el destino de tal dispositivo no es otro que nuestros sentimientos, cerrando nuestro corazón, situación que a veces se da cuando pasamos por una relación traumática que nos produce una gran herida, que mientras no se cierra, nos incapacita para habitar de nuevo el territorio de los sentimientos verdaderos. O bien, va dirigido a obstruir nuestra mente, nuestra imaginación. Cosa que aunque muchas veces se ha intentado haciendo lavados de cerebro con el fin de confundir y manipular nuestro destino con innumerables y deshonestos fines, nunca se ha conseguido íntegra y plenamente pues la naturaleza básica de la mente y el pensamiento es por encima de todo libre. Bien es cierto que lo que no consigue el hombre, lo consigue la naturaleza por medio de trastornos funcionales de la mente como la esquizofrenia, por ejemplo.
Aunque creo que su peor destino, el más frustrante y malicioso, es el que intenta impedir que llevemos a cabo nuestro derecho a opinar, hablar libremente, siempre, claro está, respetando al prójimo, o sea, nuestro derecho a manifestarnos espontánea y autónomamente, sin que nadie nos ponga una cremallera en la boca.
Si, ese pienso que es el peor destino de, en este caso,  infame y mercenaria cremallera.
Cremallera que se mantiene cosida a la boca por los resistentes hilos del miedo, miedo paralizante que atenaza nuestra capacidad de reacción y llega hasta a amordazar nuestros sentimientos altruistas y solidarios. E igualmente se mantiene cerrada herméticamente por continuas consignas y amenazas veladas y no veladas que poco a poco y sin darnos cuenta van calando hondo en nuestro interior.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

MIRADAS




                                                 

No hay nada más impactante que una mirada vacía,  una mirada muda, inexpresiva y seca. Esa mirada profunda, pero no hacía el exterior, no esa mirada que profundiza en aquel en quien se posa. Si no, esa mirada profunda hacía su mismo interior, hueca y desnuda, como una cueva oscura y solitaria donde sólo habita el eco que choca de una pared en otra hasta perderse.
Es una mirada que no expresa emoción alguna, ni alegría, ni tristeza, tampoco odio, ni siquiera miedo o sorpresa, es una mirada ida, pero sin saber a donde, seguramente de otro mundo, pero no se sabe de cual, y posiblemente nunca se sepa.
Sin embargo, un día tuvo una mirada y su mirada estaba llena de luz, una mirada radiante,  que irradiaba vida, una mirada pletorita de emociones, una mirada que se podía leer fácilmente y en ella se leía que tenía ilusiones, proyectos, que era feliz, que su corazón estaba entero y su alma pálida, que no temía al futuro y que se sentía acompañado.
Su mirada era capaz de expresar mil emociones diferentes,  que brotaban de ella sin el menor esfuerzo y volaban como palomas mensajeras hacía otras miradas receptoras que leían  el mensaje y contestaban.
Era una mirada profunda, capaz de leer y ser leída, poderosa herramienta de comunicación de un lenguaje universal que no diferencia entre bebes o ancianos, pobres o ricos, entre fronteras, pero que a veces se pierde cuando la mente se quiebra y nubla el entendimiento hasta llegar a perderse allí donde los dos caminos se cruzan, en tierra de nadie, por ahora....

viernes, 7 de septiembre de 2012

INSOPORTABLES PERFECCIONISTAS




                                                                             


“JAMÁS ENTENDERÉ PORQUE ESTE ESFUERZO OBSESIVO EN ESTRECHAR MIS CADENAS”




Hay ciertas situaciones que nos plantea la vida en las cuales es necesario poner todo el empeño, e incluso desafiar las leyes de la lógica, insistiendo en el reto de  conseguir un objetivo más allá de lo que la razón nos plantea como probable, e incluso como posible. Hay que llegar hasta el final. Igual que hay situaciones que requieren una ejecución y terminación difícil de superar, casi rozando la perfección. Pero sólo nos referimos a ciertos momentos en que la vida nos sitúa ante esta tesitura en la que es necesario dar lo mejor de uno mismo y buscar una y otra vez, incluso de forma obsesiva, si es necesario,  la mejor solución y la forma más correcta posible. 
Pero la cosa se complica cuando, por exceso, queremos hacer de toda ejecución por pequeña  y cotidiana que sea una obra de arte.

Pues bien, esta es la realidad, tremenda y frustrante realidad de los perfeccionistas. Situación que les aboca a un continuo temor a equivocarse, a un desengaño tras otro y a vivir en una continua sensación de inseguridad o un interminable examen  en el que siempre nos lo jugamos todo, el respeto de padres, maestros, jefes, etc. y sobre todo nuestro propio respeto.

La persona perfeccionista necesita la aprobación de los demás, sin ella se siente pequeño y para conseguirla se exige al máximo en cada ejecución.

Es una persona auto-exigente y auto-crítica, pero también, en su obsesión, suele ser muy exigente para todos los que están a su alrededor, hijos, compañeros de trabajo, compañeros sentimentales. Quizá la situación más sofocantes se de en el hogar, con la propia familia, donde todos de forma impotente sufren y aguantan como pueden las manías perfeccionistas de estas personas. Y no sólo eso, sino que la continua frustración, inseguridad, temor a fallar y la incapacidad de sentirse completamente complacido con sus ejecuciones le tienen continuamente irritado, molesto y en tensión. Lo cual pagan los que están a su alrededor.

He conocido a personas perfeccionistas tan bloqueados, que nunca terminaban nada de lo que empezaban por el miedo a no hacerlo perfecto y aunque no eran conscientes de su conducta de evitación, esta, si les producía, la mayor parte de las veces, el sentirse mal por su dejadez, su vagancia e incompetencia, sintiéndose muy mal por ello y pudiéndose complicar con síntomas depresivos producto del impacto que esa visión que tienen de ellos mismos les produce, de sus pensamientos negativos de incompetencia y desvalorización y de sus creencias magnificadas y distorsionadas de lo que los demás pensarán de él. Su mundo se le viene abajo.

Normalmente el perfeccionista no suele reconocer que tiene un problema, sino que se suele defender diciendo que no hay nada malo en querer hacer las cosas bien. Hacen ver a todo el mundo que eso que le reprochamos no es un defecto, sino una virtud y los demás deberían aprender de él. Es incapaz de darse cuenta que una virtud si se lleva al extremo se convierte en un defecto. Todos los extremos, tanto por defecto como por exceso son inadaptativos y ello es lo que hace que el perfeccionista choque y tenga problemas en prácticamente todos los ámbitos de su vida, pero él sigue ciego en su obsesión.

 No se le debe dar  la razón, sino hacerle ver su error, demostrarle que se puede hacer más rápido y hacerlo bien, que se puede ser más eficaz y aumentar su rendimiento y que no hace falta ser perfecto para que te admiren o te quieran. Al igual que hay que abrirle los ojos para que sea conciente del malestar  que causa a familiares y amigos con sus exigencias y mal humor y que compruebe que en realidad no se relaja ni deja a nadie relajarse ni siquiera en vacaciones o momentos de ocio.

Debemos, a pesar de que le moleste y se irrite, hacerle consciente todo aquello que  omite sobre su comportamiento, hacerle ver su rigidez y extremismo y el sufrimiento y tensión que ello le causa. En definitiva hacerle consciente del problema. No es fácil porque puede que forme parte de su personalidad desde hace ya tiempo, pero se puede cambiar. Eso si, es necesario que sea consciente de ello, que lo acepte y vea la necesidad de un cambio para después poco a poco y gradualmente ir cambiando esa pauta de comportamiento perfeccionista por otras más adecuadas, aguantando la ansiedad, inseguridad y dudas que ello le acarree,  aprendiendo a utilizar técnicas de control de la ansiedad que le ayuden y con el apoyo de la familia si la hay. Todos se lo agradecerán y no olvidemos que estos comportamientos son aprendidos y adoptados por los hijos que en un futuro pueden llegar a ser insoportables perfeccionistas.


miércoles, 18 de julio de 2012

RECORTES


UN RECORTE INDIGNO Y COBARDE SOBRE LOS MÁS DÉBILES Y POCA REPERCUSIÓN EN LAS URNAS.


La actual situación de crisis económica se está convirtiendo también en una crisis social. Sobre todo en el sector de la discapacidad Intelectual. Se están vulnerando claramente los derechos de más de 100.000 personas  con discapacidad intelectual o del desarrollo y de sus familias.

Son derechos que al movimiento asociativo representado por FEAPS le ha costado generaciones levantar, vidas enteras de esfuerzo no pueden ser desperdiciadas, y no estamos dispuestos a claudicar.

Todas estas medidas tomadas contra la discapacidad intelectual, se suman a aquellas que ya se están tomando con carácter general y que, como ciudadanos y ciudadanas, también están afectando a nuestro colectivo:
Nuestras familias y personas con discapacidad intelectual o del desarrollo también sufren el paro y se les van a recortar las prestaciones por desempleo; también son funcionarias y se les va a recortar el sueldo, también tendrán que soportar una nueva subida del IVA, un mayor gasto sanitario y farmacéutico...

Lo que reclamamos, no es sólo dinero: es una cuestión de derechos, de inclusión
social, de igualdad de oportunidades… En definitiva, de ciudadanía para nosotros y para el resto de colectivos en riesgo de exclusión con los que nos solidarizamos.                                                                  

lunes, 9 de julio de 2012

¡ FELIZ DÍA !




“LA FELICIDAD ES UN ESTADO EMOCIONAL QUE TENEMOS QUE CONQUISTAR DÍA A DÍA”


¿Qué necesito para ser feliz?
Acaso tengo una imagen de lo que es ser feliz, y me refiero a una imagen o concepto verdadero, cierto. Y como sé que si esa imagen o ese concepto que tengo de felicidad se cumpliera   en la realidad, ello conllevaría ciertamente el ser feliz, como podría estar seguro de que si ese estatus que consideramos que nos haría ser feliz se convirtiera en realidad, yo disfrutaría automáticamente de esos sentimientos de felicidad. Y cuanto tiempo durarían esos sentimientos de felicidad, por cuanto tiempo se extenderían, y otra cosa, una vez realizada y materializada esa imagen que tengo de felicidad, eso haría felices a mis seres queridos. Y si ellos no son felices, lo sería yo, a pesar de haber conseguido mi sueño de felicidad.
Parece que esto es muy complicado, la felicidad no es una imagen que tenemos en la mente, ni un deseo, ni un concepto,  nada material, la felicidad es un sentimiento, un estado emocional que tenemos que conquistar día a día disfrutando y siendo felices con lo que tenemos.

viernes, 1 de junio de 2012

POLI BUENO/POLI MALO


                                               

"La Asertividad es la capacidad de autoafirmar los propios derechos, sin dejarse manipular y sin manipular a los demás".



Suele ser muy común y estar tremendamente extendida la creencia de que ser una persona buena, empática (que tiene muy en cuenta los sentimientos de los otros) y quizás también un poco tímida, es sinónimo de ser tonto, y muy al contrario, que la persona agresiva, dura, que pasa por encima de los demás sin importarle herir sus sentimientos y que dice lo que piensa sin respeto, ni freno alguno, por el contrario, son los listos, los triunfadores.
Pues nada más lejos de la realidad. En verdad tanto el uno como el otro pueden ser personas con grandes dificultades en sus relaciones sociales, las cuales, se pueden agravar con el paso del tiempo. A ambos les haría falta cuanto antes un cambio profundo en su manera de enfrentar sus interacciones sociales.
¿Y de qué estamos hablando? Pues hablamos de Asertividad, de Conducta Asertiva, algo que desde hace tiempo está muy de moda en cualquier entorno en el que haya que torear  continuamente con nuestros semejantes, como es la propia vida, y que por supuesto, que se puede aprender.
Normalmente padres que no son asertivos, sin querer, educan hijos poco asertivos, coartando y castigando las conductas asertivas de sus hijos por "vergüenza ajena". Por ejemplo, le suena familiar frases como:  -"No le grites a tu amigo que no querrá jugar contigo"-.  -"Cuidado no le hagas daño"-  -"Anda déjale el juguete que el es más pequeño" ó "Que tu eres mas bueno"  etc.

No quiero decir que no se deba de educar en sociabilidad, educar en compartir y en respetar, pero cuidado, no en exceso. Debemos evitar lanzar sistemáticamente a nuestros hijos el mensaje de que solo es cosa suya el respetar, ser condescendiente y no herir a los demás, sino que es algo reciproco. Debe respetar, pero también saber hacerse respetar. Precisamente en el equilibrio está la verdadera conducta asertiva.
La persona que no es asertiva no sabe defender sus derechos. Él respeta en exceso a los demás pero no se respeta a sí mismo. Pero tampoco es asertivo el agresivo, el manipulador y el que va de duro y de listo a costa de cualquier cosa. Este suele estar muy equivocado creyéndose un triunfador, y es posible que esta pauta de comportamiento le sea, o le parezca aceptable y positiva a corto plazo, pero le aseguro que a largo plazo le arrastrará el fracaso,  la continua  polémica, el rechazo de los demás y a la soledad. Y también es cierto que si la persona poco asertiva,- que respeta a su prójimo, que tiene muy en cuenta la repercusión de sus palabras y acciones en los demás, que no sabe decir que no a nada, o que no se atreve a discrepar,- aprende también a respetarse a si mismo y a defender sus derechos y además deja de lado los complejos que esta actitud le haya podido causar y tiene paciencia, el  tiempo  pondrá a cada uno en su lugar y el que se creía ser un fracasado para la vida y un inútil, por muy fuertes que  sean esas palabras; terminará siendo el triunfador de su propia vida.

viernes, 18 de mayo de 2012

LA SUERTE






"ESPERO TENER SUERTE EN LA VIDA, PERO MI VIDA NO ESPERA A QUE ESTA APAREZCA"


Hablar de la suerte, depende de lo que entendamos por suerte. En mi caso, no me ha gustado nunca encomendarme a la suerte, pues es una palabra que creo induce al inmovilismo, al conformismo y que además se suele utilizar en muchas ocasiones como excusa.
Y lo gracioso es que a pesar de la poca consistencia que esta tiene como argumento y a pesar también de la falta de evidencias que en la mayor parte de las ocasiones la avalan, se le tiene una fe enorme. Incluso cuando peor está la cosa, más apostamos por la suerte.
Hay pobres vidas ó vidas pobres que han sido constantemente excusadas por una cuestión de suerte y ese argumento fue suficiente para dejar un proyecto sin terminar, no emprender otros o no entrar a fondo y de forma realista en las razones que motivaron el fracaso de otros proyectos. Así como también es cierto que hay otras vidas, aunque no son tantas como se cree, que han sido protegidas, mimadas y agraciadas por la suerte en diferentes y reiteradas ocasiones haciéndoles la vida más fácil, si, pero sin aportar ningún tipo de aprendizaje o enriquecimiento personal.
Rendirnos a la suerte es no enfrentarnos a la realidad, es vivir de una fantasía, es no concedernos la oportunidad de aprender de los errores, porque de esa manera es como si no dependieran de nosotros, como si nada pudiéramos hacer. De que nos sirve aprender de las consecuencias si todo depende de los vaivenes de la suerte.
Sin embargo, el poder aprender de los errores, es para mi  la mayor enciclopedia y fuente del saber que siempre ha existido. Concederse la oportunidad, una y otra vez, en la vida de disfrutar de la natural, eficaz y a la vez formadora y pedagógica técnica del ensayo y error sin ningún tipo de reticencia o miedo a equivocarse.
 Ensayo y error, que se podría decir que es una respuesta de aprendizaje automática del organismo, un mecanismo de defensa que va enriqueciendo nuestra vida y formando lo que llamamos la experiencia. Es más sabio el anciano por anciano, que por sabio.
Eso si, es un mecanismo lento que puede durar toda una vida, pero es seguro y eficaz, a no ser que sea bloqueado y/o frenado por una creencia, una fuerte creencia desadaptativa y paralizante para el desarrollo personal, como es la actitud de vida que todo lo deja en manos de la suerte.  

lunes, 12 de marzo de 2012

ENTRENAMIENTO SOCIAL



"SI EXISTE UN TESORO QUE JAMÁS SE DEVALUA, ESTE ES EL DE MIS RELACIONES SOCIALES"









Es tremendamente importante un entrenamiento constante y continuado a lo largo de la vida en relaciones interpersonales. Entrenamiento y aprendizaje en el cual no hay tregua, pues esa tregua puede llevar a un retroceso en esta habilidad.

Ya no se niega ni se extraña nadie de las voces a favor de la importancia e incidencia de unas plenas Relaciones Sociales en la salud física, psíquica o emocional. Pero también es cierto que esas relaciones sociales necesitan de unas buenas Habilidades Sociales. Y a su vez, estas habilidades sociales se adquieren por medio de entrenamiento y aprendizaje y necesitan de su práctica continuada para su mantenimiento, si no se iría perdiendo habilidad.

De hecho en determinadas circunstancias de la vida en las cuales esta práctica se retrae o inhibe, como pueden ser los casos de una enfermedad prolongada, unos estudios que requieren muchas horas de dedicación o el hecho de contraer matrimonio y formar una familia, es una circunstancia que por lo general exige un cambio en nuestros hábitos de vida, de ocio y suele disminuir el número de interacciones sociales. Todas estas circunstancias y otras que no nombro suelen disminuir la cantidad de exposiciones a situaciones sociales, lo que provoca y esto podemos comprobarlo en las esporádicas ocasiones en que si salimos y nos relacionamos, es una pérdida de habilidad, de confianza, cierta ansiedad con sensación de inadecuación y extrañeza. Claro está, siempre teniendo en cuenta las diferencias individuales en cuanto a personalidad, tipo de profesión, ambiente familiar, etc.

Sin embargo, hay una época en que esta situación es mucho más preocupante y me atrevería a proponer a quien corresponda el estudio y puesta en marcha de planes de actuación y programas terapéuticos específicos de Entrenamiento en Habilidades Sociales que intenten paliar las naturales perdidas de habilidad en este aspecto, ya que lo que ahora se está haciendo cubre, y muy bien por cierto, la parcela de actividades de ocio. Pero la persona con dificultades a la hora de relacionarse normalmente no acude a este tipo de actividades por vergüenza o miedo a entablar nuevas relaciones. Y me estoy refiriendo en concreto a la tercera edad, época en que son muchos los factores que inciden en el retraimiento social:
· Problemas de salud.
· Compromisos familiares.
· Requerimientos y atención de la pareja.
· Quizás, cambios muy rápidos en costumbres a nivel social.
· Pérdida de amigos por enfermedad o muerte.
· Perdida de familiares.

Y precisamente en este momento en que van faltando las fuerzas, las ganas, y la motivación, a la vez que nuestras habilidades sociales están ya un tanto oxidadas, es justo el momento en el que más falta nos hacen, pues poco a poco aquellas personas con las que a lo largo de la vida nos hemos relacionado, aunque fuese de tarde en tarde, de forma satisfactoria y fácil, han ido muriendo, dejándonos en su lugar un tremendo vacío muy difícil de llenar del cual cada vez somos más conscientes.

Y esto hace que la cosas se compliquen mucho más, pues deberíamos entablar nuevas relaciones si no queremos quedarnos totalmente aislados y solos. Lo fácil es rendirse y abandonar. Pensar que ya no merece la pena para el tiempo que queda, siendo ese precisamente el gran error y la tremenda trampa. Ese tiempo que queda es también parte de la vida y no hay porque perderla gratuitamente, sin pelear. Ese tiempo o periodo de la vida es cierto que es distinto, pero no tiene porqué ser peor, requiere sí otras actividades, otras actitudes y un esfuerzo de adaptación, pero puede ser muy valioso, bonito e ilusionante si no tenemos miedo y relanzamos nuestras relaciones sociales de forma insistente, hasta conseguir hacer desaparecer esa ansiedad social que nos produce preocupaciones y continuamente pone pegas a nuevas aventuras causándonos malestar e impidiendo disfrutar de unas buenas relaciones sociales, las cuales reportarían felicidad, bienestar y salud, desfocalizando, a la vez, la atención de nuestro cuerpo y enfermedades y alejándonos de centros de salud, ambulatorios y preocupaciones hipocondríacas, dejando estas actividades para lo estrictamente necesarias según las circunstancias de cada uno,. y promoviendo por el contrario las actividades interpersonales las cuales nos proporcionen interacciones sociales interesantes, gratificantes y placenteras.

martes, 24 de enero de 2012

LOS FANTASMAS DEL PASADO






"SON COMO CADENAS QUE ME INMOVILIZAN Y ME IMPIDEN DESARROLLARME, SON LOS FANTASMAS DEL PASADO"





Normalmente la experiencia es algo que enriquece a la persona, que nos suele dar seguridad y aplomo, y que nos hace crecer personalmente.
Sin embargo, existen algunas experiencias que por el contrario nos impiden desarrollarnos, nos hacen sentirnos inseguros y apocados, vulnerables y nos aferran al pasado reviviéndolo una y otra vez haciéndonos chocar contra él como una mosca con el cristal de la ventana.
Como autómatas cometemos los mismos errores una y otra vez cayendo en la trampa que continuamente nos pone nuestra propia historia. Experiencias traumáticas del pasado nos hipotecan el futuro, tan sólo porque de ese pasado se derivan ciertas etiquetas, impuestas o auto impuestas, que asumimos como propias y con las cuales llegamos a identificarnos de tal manera que condicionan nuestro presente y nuestro futuro : “ Yo sé que no le suelo caer bien a la gente” ó “ no se me dan bien las matemáticas “ ó “ soy feo y físicamente desfavorecido “ ó “ jamás podré superar una entrevista de trabajo, me moriría de vergüenza y haría el ridículo “ ó “ Se que soy débil psicológicamente y todo me afecta”. Y muchas etiquetas más que proceden del pasado, de la infancia o adolescencia y que asumimos, no nos engañemos, porque aunque nos quejemos, en el fondo nos ayudan a evadir enfrentarnos a ciertos problemas del presente, acomodándonos ciegamente en el engaño y tropezando una y otra vez en la misma piedra.
Ejemplo de ello es la persona que una vez tras otra fracasa en su empeño de mantener por tiempo un trabajo, o aquella persona que igualmente a lo largo de su vida ha ido fracasando en todas las relaciones de pareja en que se ha involucrado, sin intentar cambiar su comportamiento.
La persona que como antes comentaba, tropieza una y otra vez en la misma piedra, debe preguntarse por fin:
¿Que estoy haciendo mal? ¿Que pautas de comportamiento estoy repitiendo una y otra vez que puedan ser inadecuadas? ¿Que debo hacer para cambiar esta inercia de comportamientos inadaptativos?
Es obvio que algo no estamos haciendo bien, en algo fallamos, y algo debemos de cambiar para conseguir superarnos y no fracasar de nuevo.
Y el primer paso después de reconocer esto, supone no culpar sistemáticamente a los demás por nuestros errores y no refugiarse en sus etiquetas del pasado: Como “yo soy así “, “esta es mi forma de ser y no puedo cambiar “.
Porque de esta manera, lo que está diciendo y asumiendo es que está condenado a fracasar en esta u otras empresas o proyectos de vida, que no quiere cambiar o no sabe que tiene que cambiar y cómo hacerlo. Y que es mucho más sencillo negar la realidad y refugiarse en esa incapacidad para no enfrentarse a la vida, para no seguir desarrollándose como persona y continuar negándose con falsos motivos a enfrentarse a sus problemas del presente. Todo ello, culpando como lo ha hecho siempre a sus padres por como le educaron, profesores o amigos por como le trataron, achacando su vulnerabilidad presente a los fantasmas del pasado.
Hay quien se cree tan débil y vulnerable, por esas etiquetas, repito, impuestas o auto impuestas, que ante el mínimo estrés o problema se apoca y se siente tan inseguro que responde de forma exagerada con ansiedad, huyendo de la situación o cometiendo los mismos errores de siempre, pero sin conciencia de ello.
La única salida posible es dejar esos fantasmas en donde le corresponde, en el pasado, y enfrentar la vida conforme nos viene, poniendo en marcha nuestros recurso ya oxidados, pero al fin y al cabo nuestros recursos, que en poco tiempo estarán perfectamente engrasados y listos para servirnos, así como a la vez ir poniendo al día nuestras etiquetas, de forma más realista y de acuerdo a los resultados del presente. Con ello, veremos como esos fantasmas del pasado cada vez van quedando más lejanos y obsoletos.