miércoles, 23 de julio de 2014

EL BALCON DE MI MENTE




                                                        


Abro el balcón de mi mente y cierro los ojos buscando la concentración, respiro profundamente llenando mis pulmones de recuerdos, realidades y anhelos. Después miro hacia atrás sintiendo una mezcla de nostalgia y de alivio, tratando de reconocer lo vivido y de sentir lo experimentado y todo son lagunas, eso si, lagunas bien cubiertas por toneladas de engaños piadosos, verdades maquilladas,  mi mente vela por mi. Fantasía y realidad se mezclan formando un cóctel  aceptable para mi regreso al presente y viaje al futuro.

Accedo a un presente fugaz y efímero, a un cerrar y abrir los ojos, a una suma de instantes asidos con rabia contenida, con ansia de vida, con música de despedida. Intento alargar el momento, estirar el tiempo, sonreír al día con la intensidad del último sueño de la mañana, y consigo disfrutar de lo sentido y abrazar fuerte contra mi pecho el momento experimentado, sentir dolor, saborear el placer, llorar las penas, morir de risa y ser, estar y compartir.

Y por fin, entrar en lo desconocido, en el reino de la ilusión, en el país de los sueños donde todo es posible pero a la vez incierto, donde palabras como destino, providencia, sino… intentan explicar lo inexplicable con el único objeto de calmar un fuego de interrogantes que consume mi interior.

Navego sin rumbo fijo intentando dar respuesta a mis múltiples verdades, todas ellas a mi alcance pero a la vez inalcanzables, un racimo verde de esperanza repleto de sabrosas uvas a elegir, un largo camino por transitar fabricado con retazos del presente.

Y finalmente, como un imán vuelvo siempre con mi incansable compañero de viaje, atraído por su  actual y temporal magnetismo, único valor real y tangible.

miércoles, 25 de junio de 2014

TOMO CONCIENCIA




                                                                          




“A veces la naturaleza nos lanza señales de que actitud mostrar ante la vida”



Miro al cielo y respiro, hincho el pecho y siento la tensión del ser y estar, el peso sobre los hombros, la presión en la cabeza. Una sensación mil veces experimentada, una voz en mil ecos repetidos. Es el precio de una idea, de un deseo, de una ambición, todo ello bajo el peso de una losa, de una losa no compartida por exceso de responsabilidad o por orgullo quizás.



A continuación bajo la mirada hacia mis pies y exhalo largamente, el pecho sonríe feliz al dejar salir las penas, los hombros por fin pueden volar a sus anchas, y la cabeza, ella continua con su inexorable  e interminable canción, unas veces triste, otras de amor, a veces de rabia, otras de preocupación y nunca de silencio.



Luego me dejo acunar por un colchón de ilusión y me cubro con la sabana de la esperanza, reposando mi cabeza en un almohadón de grandes propósitos. Y vuelta a empezar.

martes, 10 de junio de 2014

APREHENDIENDO LA VIDA



                                                         



Hace ya 6 ó 7 meses que no escribo en mi blog y no ha sido por falta de ganas, ni tampoco porque no echara de menos el contacto con los amigos de este entorno.

Ahora me doy cuenta que he perdido el habito o costumbre, esa inercia que te hace sentarte y rebuscar en tu cabeza algo que sirva como entrada cada diez o quince días, pero lo intentaré de nuevo.

La verdad es que he estado muy ocupado en mi trabajo  y además he estado recopilando artículos de opinión escritos que he ido utilizando como entradas durante todo este tiempo, sobre todo en la primera época de este blog. Como digo los he ido recopilando y conectando unos con otros con el fin de darle un cuerpo más o menos uniforme intentando eliminar su carácter  deslavazado e inconexo y darle cierta coherencia.

Bueno, me he entretenido.

Al Final, el bloque formado consta de 90 folios que seguro iré ampliando en lo sucesivo, y que para mí, dentro de mi falta de experiencia, pienso  ha quedado bien.

Os muestro la introducción, que ya de por sí es una declaración de intenciones:

 El objetivo que se persigue es ofrecer información/opinión, general, sencilla, directa y práctica de la misión más importante de toda persona: su desarrollo personal, estabilidad emocional y relaciones sociales plenas, o sea, el llevar a cabo de la forma más exitosa posible su proyecto de vida. Que a su vez facilite, en la medida de sus posibilidades, esas mismas ganancias en las personas de su alrededor, hijos, pareja y familia en general, además de amigos, compañeros de trabajo, entre otros.

  Y de paso prepararnos, como parte importantísima dentro de ese proyecto, para la difícil tarea de educar, que al fin y al cabo entronca por extensión con un proyecto general, global y holístico del cual formamos parte, que es el de socializar, o sea educar a la sociedad. Y de este proyecto general dependerá, aunque nos neguemos a verlo ahora, el futuro de nuestro mundo, el futuro de la tierra en general y de la especie humana como inquilino privilegiado de esta.    

  La vida es un aprendizaje desde el mismo momento en que nacemos, desde ese preciso momento ya aprendemos que este nuevo entorno no va ha ser fácil de dominar, y eso que todavía no hemos visto nada. Aún falta comprobar que en este entorno no estamos solos, y ese hecho ya de por sí, nos plantea el mayor desafió que nos encontraremos en ese proyecto de vida que acaba de comenzar.
 
  Prácticamente todo se aprende en la vida, y no es exagerado el pensar que es la actividad más utilizada en nuestra existencia, aprender. Y además, yo diría que a la vez, es la más rentable, sencillamente porque es la actividad que mejores resultados y satisfacciones nos da y la que pienso es la esencia de nuestra existencia.

  El aprendizaje es inherente a la vida misma, aprendemos aun sin querer hacerlo, sin intención de aprender, en ese sentido somos esponjas que absorbemos cantidades de estímulos para después utilizarlos en nuestro provecho, unos los desechamos más tarde y otros los incorporamos definitivamente a nuestro repertorio de conductas. Al final, todo ese bagaje nos hace ser diferentes porque cada cual utiliza sus aprendizajes de distinta manera, de ahí la dificultad de entender y prever la conducta humana.

  Quizás no lleguemos nunca a comprenderla y mucho menos a preverla, incluso es posible que no lleguemos a lo largo de toda la vida a comprendernos a nosotros mismos, pero intentemos ser coherentes, comprometidos y auténticos en nuestra vida que no es poco.

jueves, 28 de noviembre de 2013

Os acordáis de Valentin...?




                                                                              



Valentín es un hombre simple, es un hombre bueno porque su simpleza no incluye mecanismos como la desconfianza, la malicia o segundas vueltas. Ya sabes, eso de “ir con segundas”, tampoco la avaricia o la competitividad. No es una bondad por empatía, o sea, porque se ponga en el lugar del otro y eso le impida ser dañino o malo, sino todo lo contrario, lo usual en Valentín es decir sin pensar lo primero que se le viene a la cabeza, sin preocuparse si ello  será más o menos oportuno o te dolerá o no. Es una bondad más bien tonta, de falta de recursos en los sesos. Porque todo eso lo hace sin darse cuenta, sin malicia, sin planear nada, tontamente. Y digo esto, porque si él intuyera que eso que va ha decir puede ofender o molestar y ello le pudiera traer problemas, por miedo, aunque sólo fuera por esa razón, el miedo, ya no lo diría. Porque Valentín, a pesar de su nombre es muy miedoso, más bien se debería llamar “Cobardín”. Es cobarde, todo le da miedo y de todo huye. Si le levantas la voz y te encaras con él, se mea encima, o se bloquea, y en el mejor de los casos, se pone rojo, retira la mirada casi como si los ojos se le volvieran hacia atrás, se da la vuelta y huye sin decir nada.

viernes, 8 de noviembre de 2013

CONTEMPLANDO A LOS VENCEJOS (Continuación)



  

                                     



 “Mi tío Amancio, a pesar de su nombre no era capaz de amar, no amaba la vida y no se amaba a sí mismo”


Esto me hace recordar a mi tío Amancio. Era muy alto y delgado, siempre muy bien peinado, con un pelo muy negro, engominado y echado hacía atrás. Yo lo percibía como  un hombre tremendamente escrupuloso ante todo: la enfermedad, las heridas, noticias de guerra y de muerte, contaminación, suciedad. Todo le hacía adoptar un gesto que yo veía ya característico en él, como si el cuerpo entero se le encogiera queriendo desaparecer, esfumarse. Y muy aseado, aunque eso si, un poco antiguo a la hora de vestir, vamos que no le preocupaban los cambios de moda.

   Me llamaba la atención algunos rasgos muy marcados de su cara sobretodo algunos surcos en ella que muy al contrario de parecer arrugas que anuncian el paso del tiempo, a mi tío le daban un aire interesante, como de persona experimentada y culta, yo recuerdo que pensaba que esos surcos en la frente, alrededor de la boca y a los lados de su nariz, más bien eran señales de sus muchos momentos de reflexión y meditación sobre cuestiones tremendamente difíciles e importantes. A pesar de ello la expresión de su cara no era de dureza, sino más bien era una expresión afable y cordial. Tendría alrededor de los cuarenta y uno o cuarenta y dos años y era soltero, por eso vivía todavía con mis abuelos. Su comportamiento conmigo era esplendido, era amable, cariñoso, divertido y lo más importante generoso. Yo le quería mucho y me gustaba que viniera a casa. A veces salíamos los dos a dar una vuelta y me compraba cosas, otras me llevaba al fútbol, que a él le apasionaba y otras simplemente nos divertíamos en casa.

   Recuerdo que siempre esperaba con gran excitación y nerviosismo el comienzo de la feria. En estas ocasiones siempre aparecía por casa muy arreglado, pedía que me arreglaran a mí y solicitaba permiso, de forma muy ceremoniosa, a mis padres para hacerse cargo de mi custodia durante toda la tarde, yo ya sabía a donde íbamos a ir. Mi excitación aumentaba hasta límites que aún no he vuelto a experimentar.

   Me gustaba tirar con las escopetas a los chicles y a los cigarros de colores, estos, claro está, para mi tío, aunque lo cierto es que nunca le daba. Nunca llegué a entender porque a pesar de tener encañonado el cigarro, el perdigón se desviaba tanto. Mi tío Amancio argumentaba el hecho diciendo que se me debía de mover la escopeta al apretar el gatillo. Era incapaz de admitir delante de mí, la posibilidad de que existiera la trampa en la feria, un lugar mágico, un santuario para niños, que se supone debería ser tan inocente como ellos. Así era mi tío, siempre tratando de protegerme, siempre muy correcto y siempre muy tímido. Recuerdo esto de la timidez porque me llamaba la atención, precisamente paseando por la feria, que a pesar de que las chicas le miraban y reían, coqueteando con miradas insinuadoras, el jamás respondía de forma alguna, parecía como si no se enterara. Cosa totalmente imposible, lo puedo asegurar.

   Lo que más nos gustaba de toda la feria y donde pasábamos muy buenos momentos, era en los coches de choque, los dos nos divertíamos mucho y reíamos, cada uno en un coche. Nunca más en todo el año lo volvía a ver reír de esa manera. Yo echaba de menos el que viniera más a menudo por casa, pero a veces oía a mama comentar con otras personas que el tío Amancio en ocasiones se pasaba temporadas sin salir de la casa de mis abuelos, incluso de su habitación. Yo eso no lo entendía, no comprendía porqué, sería por cuestiones de trabajo, sería un espía y después de una misión debía quitarse un tiempo de la circulación. Pero al final me acostumbré a verlo aparecer y desaparecer, acepté que él era así y no pensaba más en ello.

   Hasta que un día desapareció de nuevo pero ya no volvió, lo encontraron en su habitación a la mañana siguiente con un tarro vacío de ilusiones y de vida y lleno de capsulas de miedo, dolor y desesperanza, esto nunca lo entendí, para mi él lo tenía todo, era guapo, alto, soltero y con un buen trabajo, aunque últimamente faltaba mucho. Conmigo siempre se mostraba divertido, y reíamos continuamente. Durante mucho tiempo la idea de su estatus de espía y de un asesinato disimulado en suicidio tomo cuerpo en mi mente y así se lo contaba en secreto a mis más íntimos amigos.

   Más tarde cuando crecí y sentí los primeros envites de la depresión, pensé que me parecía a él y esto era producto de la herencia. Cosas de la genética, y ante eso nada podía hacer excepto aceptar mi destino y esperar con desazón el momento fatal de continuar con la tradición familiar.

    Así lo pensé hasta que mi psicólogo me explicó que podemos luchar contra ese destino, que podemos escribir nuestro propio destino, el que nos convenga y que el terminar como mi tío Amancio depende de mí, de mi decisión, al igual que él tomó la suya en un determinado momento. Y que la genética no es tan cruel ni determinante, mucho más determinante se muestran las creencias, sobre todo esta que yo venía alimentando y que unía inexorablemente mi destino al de mi tío.


    Mi tío Amancio, a pesar de su nombre no era capaz de amar, no amaba la vida y no se amaba a sí mismo. Ojala hubiese encontrado en su camino un consejo que le hubiese devuelto esa capacidad, ojala hubiese contado con mi terapeuta. Ojala hubiese superado ese momento, hubiese apartado de su mente esos miedos, esos fantasmas una vez más.

miércoles, 2 de octubre de 2013

CONTEMPLANDO A LOS VENCEJOS







                                               






Como echo de menos la época en que me sentía vencejo. Ansío su libertad, su gracia, su planear decidido, su alegre chillido.

Sin embargo ahora sólo soy capaz de recordar y retener en la memoria su cara triste, su huida al atardecer”


 Recuerdo los atardeceres en primavera, cuando el cielo se plagaba de vencejos, allí sentado placidamente en la terraza de mi casa, en el pueblo, al que suelo ir muy a menudo, me sentía pletórico, lleno de vida, feliz por poder disfrutar de ese sencillo panorama.

   Por entonces disfrutaba al ver a los vencejos dar vueltas y vueltas incansablemente alrededor de la terraza, pasaban por delante de donde yo estaba sentado planeando casi rozando los tejados y desaparecían para volver de nuevo a los pocos segundos y así daban vueltas y vueltas girando siempre en circulo. Me encantaba ver como al pasar por delante de mi chillaban como locos de contentos. Ahora recuerdo que pensaba que se asemejaban a niños cuando dando vueltas en el “Babi Mariloli” en la feria, cada vez que pasaban por delante de los padres, gritaban y saludaban contentos con gran jolgorio.
Los vencejos siempre me hacían pensar en la suerte que tenía al poder contemplarlos, en lo bello y grandioso de poder vivir la vida, en la cantidad de pequeñas  grandes cosas que teníamos el privilegio de poder percibir y disfrutar, de ver, de oler y de sentir. Me sentía feliz por estar vivo y poder disfrutar de la vida y me quedaba horas y horas contemplando a los vencejos.

   Y sin embargo ahora todo es muy distinto, no entiendo porqué. Esa misma escena me parece deprimente. Ahora cuando subo a la terraza y me siento en mi vieja mecedora como entonces, esta misma tarde he estado allí sentado intentando disfrutar de nuevo de la primavera, y los vencejos me parecen gilipollas dando vueltas y vueltas,  que sentido tiene, no entiendo como vienen de tan lejos, de África, para dar vueltas a una terraza horas y horas. Pienso que deben de ser muy simples, como autómatas, pasan la vida haciendo círculos sin saber porqué, gritando como posesos en su desesperación y su tontuna. Me dan mucha pena y me pregunto ¿a donde irán cuando anochece?, todo queda en silencio de pronto. Supongo que dormirán sin ser conscientes de ello y soñaran con dar la vuelta más rápida e inútil de su vida. Y al día siguiente otra vez a dar vueltas sin saber que han hecho al llegar la noche ni con que han soñado, simplemente dan vueltas a mi terraza. Ahora, no aguanto estar en la terraza, poco a poco me embarga una sensación de angustia, de vacío.


miércoles, 18 de septiembre de 2013

OPTIMISMO













 En este preciso momento, soy el hombre
más feliz del mundo: me encuentro en el
porche de mi casa escuchando la lluvia caer
y disfrutando de ese olor a ozono que
se desprende al abrazarse la lluvia y la
tierra, de un magnifico día gris oscuro,
leyendo plácidamente un libro que quizás
no pueda terminar y esperando que amanezca
un nuevo día que me llevará a un aséptico,
relucido, flamante e impersonal quirófano a
someterme a una operación a vida o muerte, de la cual no sé si volveré a ver la luz del día.